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 Los viajes de Gunard Stevenson

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anarion
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MensajeTema: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Mar 23, 2010 7:23 pm

Para empezar, aclarar que zonas, aldeas, personajes, etc... son inventados. Los nombres son reales, pero a lo mejor no se corresponden con el lugar en el que los coloco. Pero como necesitaba nombres escandinavos, pues hice una recopilación, para echar mano, porque si no apañadita iba. Lo mismo vale para cualquier cosa que alguna note que esté fuera de lugar. Digamos que voy a aplicar el estilo Jolibud.

Así que una vez aclarado esto, procederé a contaros la historia de un peculiar muchacho que vivía en una cabaña a orillas del fiordo de Vefsn.


LOS VIAJES
DE

GUNARD STEVENSON

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Mar 23, 2010 7:31 pm

lol! lol! lol! lol! lol! lol! lol!

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anarion
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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Mar 23, 2010 8:11 pm



INTRODUCCIÓN



Corre el año 872 d.C. y Noruega vibra con el cambio, puesto que Harald Cabellera Hermosa ha conseguido hacerse con el reino de Vestfold y ha unificado a todos los jarls bajo su mando. Sin embargo, dejemos al rey con su fiesta y vamos a trasladarnos a la región de las Nordlands: unos cuantos cientos de kilómetros al norte. Sí, justo ahí: en esa cabaña solitaria a orillas de la cara norte del nacimiento del fiordo de Vefsen.

Apenas ha despuntado el día, y los débiles rayos de sol, que han logrado atravesar el manto de nubes, nos descubren un lugar, que a simple vista, parece abandonado. Pero nosotros sabemos que no lo está, porque detrás de esa puerta de madera, medio caída y roída en gran parte de su superficie, se encuentra nuestro héroe: Gunard Stevenson. Y hablando del ‹‹rey de Roma››, esa cabellera desgreñada del color de la miel, que acaba de hacer su aparición, pertenece a nuestro querido muchacho.

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Mar 23, 2010 8:15 pm

Juasss, buen comienzo! lol!

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Mar 23, 2010 8:23 pm

La leche, pues no veas lo que me ha costao, si ya te lo dije aunque sea estilo Jolibud, por lo menos tengo que saber por donde me muevo y menudo lio tengo yo con los fiordos, pero ea, ya he empezao, cuando termine el siguiente capítulo, lo cuelgo, que todavía está a medias, pero como ahora estoy en el chollo, pues nada más puedo hacer lol!

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Mar 23, 2010 9:04 pm



LA PARTIDA


Gunard se despereza estirando los brazos por encima de su cabeza, haciendo crujir las articulaciones. Abre la boca hasta casi desencajar la mandíbula y deja escapar un sonoro bostezo. Tras apartar a Gertrud de una patada, se levanta para enfrentarse a otra gélida mañana. Se frota los ojos, raspando las pestañas con las uñas para quitarse las legañas, antes de salir y cerrar la puerta evitando, así, que el escaso calor que hay dentro se esfume. Pasa una mano por su enredado cabello y, con la otra, se rasca la entrepierna mientras se dirige a la parte trasera de la cabaña para deshacerse de la incómoda hinchazón de la vejiga que le ha estado molestando gran parte de la noche. Y teniendo en cuenta que volverá a hacerse de noche prácticamente enseguida, pues la expresión ‹‹gran parte de la noche›› equivale a un tiempo considerable. Se calienta las manos con los últimos vapores que ha provocado la orina al hacer contacto con la nieve e inspecciona con aburrimiento los alrededores.

Nieve.

Eleva la vista para observar las montañas cercanas y se encoge de hombros.

Más nieve.

Nieve y hielo. Hielo y nieve. Así es su vida y Gunard ya empieza a estar harto. Harto de deslomarse arando una tierra que apenas da cuatro hierbajos al año, insuficientes siquiera para alimentar a la escuálida oveja que comparte con él la cabaña a orillas del fiordo. Y pronto acabaría estando solo, puesto que para sobrevivir a la última nevada, se había visto obligado a asar un pernil del animal, que ahora yacía en el suelo de la cabaña cojo de uno de los cuartos traseros. Arranca el poco verde que encuentra al escarbar la nieve y regresa al interior  para alimentar a su mutilada mascota. Y mientras la oveja rumia con desgana tan insulso manjar, es cuando Gunard toma la decisión de abandonar su inútil e infructuosa vida. Porque aunque Gertrud pueda asegurarle el sustento hasta el deshielo, se ve incapaz de aguantar el verano comiendo únicamente pescado.

Con renovado entusiasmo, mete en un hatillo sus escasas pertenencias, lo ata a la pata trasera de Gertrud, y luego, sujentado las patas delanteras del animal con una mano, se lo pasa por los hombros. Y así, silbando alegremente, con la oveja calentándole el cogote, emprende la marcha hacia una nueva vida.

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Miér Mar 24, 2010 1:26 pm

«Pasó una mano por su enredado cabello y con la otra se rascó la entrepierna mientras se dirigía a la parte posterior de la cabaña para aliviarse y, así, deshacerse de la incomoda hinchazón de la vejiga que le había estado molestando gran parte de la noche. Y teniendo en cuenta que volvería a hacerse de noche prácticamente enseguida, pues la expresión gran parte de la noche, equivalía a un tiempo considerable. Se calentó las manos con los últimos vapores que había provocado la orina al hacer contacto con la nieve e inspeccionó con aburrimiento los alrededores.»


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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Miér Mar 24, 2010 5:12 pm

El sentimiento de tragedia que senti a leer este pedacito no pudo ser borrado ni por la grafica descripcion de sus quehaceres mantinales.
Vaya si que estaba jodido el pobre ...
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anarion
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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Miér Mar 24, 2010 5:33 pm

A mi modo de ver, la que está jodida es la oveja

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Miér Mar 24, 2010 5:43 pm

anarion escribió:
A mi modo de ver, la que está jodida es la oveja

Tambien ...
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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Jue Mar 25, 2010 12:55 pm

RocioDLT escribió:
anarion escribió:
A mi modo de ver, la que está jodida es la oveja

Tambien ...


Juass, como cambiaria la historia, si la oyeramos de la boca de la pobre oveja...

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Jue Abr 15, 2010 8:01 pm

jaja.. que malas sois. Pobre ovejita..

En fin, Geni tiene muy buena pinta, pero como todo lo que escribes...
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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Vie Abr 16, 2010 11:32 am

Juass, Isa, ahora dale tu tambien la vara a ver si sigue! lol!

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anarion
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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Vie Abr 16, 2010 11:47 am

Nadie tiene más interés que yo en que continúe la historia, el problema es que no tengo tiempo

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Vie Oct 22, 2010 2:04 pm

LA VIEJA




Tras días caminando por la nieve con la fiel Gertrud sobre los hombros, Gunard ha perdido gran parte de la ilusión con la que había iniciado su viaje. El frío y el hambre están a punto de hacerle desistir de su idea y encaminarle de nuevo hacia el, en ese momento, añorado refugio que es su solitaria cabaña: con el acogedor agujero en el suelo lleno de lana que le servía de lecho y la pequeña hoguera que le mantenía caliente. Va tan inmerso en sus anhelos, que no ve la raíz que sobresale de la nieve. Y allá va la pobre Gertrud, volando por el aire con un balido de angustia, mientras Gunard se incorpora escupiendo nieve y acordándose del desgraciado Loki y toda su maldita dinastía. Sin embargo, toda esa retahíla de improperios se corta de cuajo al divisar una columna de humo a lo lejos, y si no fuera porque sus extremidades están al borde de la congelación, hubiera dado un salto de júbilo al grito de ‹‹¡Eureka!››. Pero a falta de energía física y riqueza lingüística, Gunard se conforma con ponerse en pie, echarse a Gertrud a la espalda y avivar el paso con un gruñido de satisfacción. Incluso en el semblante de Gertrud se aprecia el entusiasmo, y teniendo en cuenta la capacidad expresiva de una oveja, podremos hacernos una idea de lo desesperado de su situación, porque la pobre ovina ya se veía sin su otro pernil y con la humillante tarea de tener que arrastrar el culo para poder llevarse un poquito de hierba a la boca.

Pero sí, gracias a los dioses, cuando Gunard llega a lo alto de la colina contempla la vista más hermosa que cualquier ser humano pudiera soñar: una cabaña. Vieja y destartalada, pero con una preciosa chimenea, por la que se escapa el humo. Humo que el cerebro y las fosas nasales del muchacho interpretan como lo más maravilloso del mundo: un caldero de comida al fuego.

Guiado por su olfato y por el furioso rugido de su estómago, Gunard se precipita colina abajo, trastabillando y tambaleándose debido a su propio ímpetu y a la inercia de la bajada. Al llegar a su destino, abre la puerta de una patada, lanza a Gertrud, sin miramientos, al suelo y se abalanza sobre el caldero que humea y burbujea sobre los leños. Tomando una cuchara de madera, la mete en el guiso, se la lleva a la boca y, tras proferir un aullido de dolor al abrasarse la lengua, escupe con asco cuando sus papilas gustativas identifican el sabor.

Sentada en una esquina de la cabaña, envuelta en sombras y revolviendo con parsimonia unas piedras que tiene ante ella, contempla la escena una anciana desgreñada y tan arrugada que, más que el tiempo, parece que por su cara haya dejado su huella el paso de un glaciar. Una sonrisa siniestra y calculadora desfigura el ajado rostro.

—Te estaba esperando, muchacho –dice la vieja con voz rasposa–. Los dioses me han anunciado tu llegada –continúa, señalando las piedras con su dedo huesudo.

Gunard termina de limpiarse la lengua con la manga de su túnica y de enjuagarse la boca con el contenido de una jarra que había sobre una mesa de madera antes de volverse hacia el lugar del cual procedía la voz.

—Pues ya os podían haber dicho los dioses que odio el pescado.

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Vie Oct 22, 2010 8:39 pm

«Incluso en el semblante de Gertrud se aprecia el entusiamo, y si tenemos en cuenta la capacidad expresiva de una oveja» risotada risotada risotada
... y por fin sale la vieja! [A esta no hace falta que la describas, que ya me la imagino bounce ]

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Sep 25, 2012 9:54 pm

LAS SIETE HERMANAS



Sentado en una esquina de la cabaña, Gunard está pensando seriamente en ahogar a Gudilla —así se llama la vieja— en la olla que está al fuego. Y aunque sus papilas gustativas se horrorizan al pensar en degustar semejante sopa, cualquier cosa le parece mejor que tragar el caldo de pescado que burbujea en el caldero o tener que cortarse las orejas para no escuchar las órdenes y desvaríos de ese saco de huesos. ¿Pues no le ha dicho ese monte de carne seca que su destino está allende los mares? Que eso sí, lo cree, pero le cuesta digerir que para abrazar esa nueva vida tenga que arrastrar al engendro por medio fiordo a modo de talismán. A su lado, Gertrud parpadea con desgana, pero reconoce la mirada de su amo, y en el fondo de su ovina alma, se alegra de que en caso de necesidad sea Gudilla quien acabe por pagar el pato.

Hace ya un buen rato que la oscuridad volvió a teñir el cielo. Los ronquidos de Gudilla retumban en la cabaña mezclándose con los chasquidos de Gertrud al rumiar una esquina de la manta que sobresale del jergón de la vieja bruja. Pero Gunard no hace caso de la cacofonía. Con aire ausente, da vueltas con el dedo a las mensajeras de los dioses. Piedras. Cuatro malditas piedras que han decidido cargarle con un fardo que, de muy buena gana, dejaría tirado en el primer recodo del camino. Baja la cabeza y vuelve a fijar la vista en la runas y sus símbolos mientras, a lo lejos, juraría haber escuchado la risa de Loki. ‹‹Pues sí que empieza bien mi nueva vida››. Devuelve las piedras al saquito donde Gudilla guarda el resto y busca un lugar donde poder descansar antes de que el sol vuelva a salir y tengan que emprender la marcha para aprovechar las escasas horas de luz. Tras taparse con unas pieles malolientes, observa, con una mezcla de horror y resignación, el rudimentario trineo que deberá arrastrar a partir de la mañana siguiente para transportar a la bruja y su equipaje. Ironías del destino, Thor formó parte de las cuatro runas que marcaron su camino: ‹‹un golpe de inesperada buena suerte›› le dijo Gudilla que significaba. Y al igual que Thor, él tendría su carro con sus particulares Tanngnjöstr y Tanngrisnir, con la pequeña salvedad de que sus cabras irían cómodamente sentadas en el trineo y él sería el animal de tiro. Ni siquiera le quedaba el consuelo de poder cocinarlas para saciar su hambre y después revivirlas para poder volverlas a cocinar, de ser necesario, como hacía el hijo de Odín con las suyas. Mientras los párpados se le cierran, Gunard vuelve a pensar en las piedras: Thor, Rad, Man y Ansuz. Y se jura a sí mismo que en cuanto alcance su destino, las meterá por el gaznate de la vieja antes de despeñarla por el primer acantilado que encuentre, derechita al Hellheim.

Tras cuatro días de travesía, durante los cuales, Gunard a punto estuvo de rogar al Dios del Trueno que acabara con sus desgracias de un martillazo, por fin la pequeña expedición llegó a la costa. Más allá del glaciar Osen, frente a la isla de Alsta.

—Impresionan. ¿Verdad, muchacho?

Gunard gruñe por lo bajo y gira ligeramente la cabeza -para no tener que forzar demasiado la vista- hacia el trineo que tiene a su espalda. La cascada voz de Gudilla sale amortiguada de entre la montaña de pieles que la mantiene caliente,l mientras Gertrud bala lastimeramente arrastrando su mutilada anatomía en un intento por estirar el espinazo -que la vieja bruja ha estado usando de almohada desde que retomaron la marcha al alba- y de asomar la cabeza por un costado en busca de un más que deseado desayuno. Daría su otro pernil por un buen montón de pasto fresco. Sin embargo, la pobre oveja se conforma con un puñado de hierbajos que Gunard deja caer junto al trineo antes de ponerse a sacar los palos para montar la tienda que les servirá de refugio durante las horas de oscuridad. Una vez montada la tienda, Gunard esparce parte de las pieles por el suelo, carga a Gudilla -dejándola caer sin miramientos dentro de la tienda- y prepara la hoguera donde colocarán el caldero para hacer la sopa de hueso. Prefiere no pensar de qué o quién será el hueso pelado y reseco que cuecen cada noche y que Gudilla se ha empeñado en llevar, porque como bien le ha señalado: ‹‹calentar el agua y beberla así a palo seco —eso del palo seco, por más que piensa, no lo entiende— sólo sirve para lavar las tripas››.

Más tarde, entre sorbo y sorbo del asqueroso brebaje que humea en el cuenco que tiene entre las manos, Gunard sueña con una carita suave y bigotuda de adorables ojos negros que le proporcionaría alimento para un par de semanas. ‹‹Qué bonita››, piensa. ‹‹Y qué rica››, se relame mentalmente.

Una bola de nieve se le estampa en la cara. Gunard tose y escupe la que se le ha metido en la boca, luego clava una mirada asesina en Gudilla quien, con cara de pocos amigos, señala las piedras esparcidas sobre las pieles.

—Tu destino, muchacho. Presta atención.

Gunard suspira fijando la vista en las runas, después sigue con la mirada la mano huesuda de Gudilla que señala directamente a la cordillera del otro lado del mar.

—Ellas son tu destino.
—¿Las montañas? —pregunta, dividido entre el sentimiento de incredulidad y el de estafa.

Gudilla menea lentamente la cabeza de lado a lado.

—Las montañas no, muchacho. Ellas —enfatiza—. Bontkrona, Gryfoten, Skjaeringen, Tvillingene, Kvassinden, Breitinden y Stortinden. Las siete hermanas.
—¿Están en las montañas? —vuelve a preguntar Gunard que no entiende nada.
—Son las montañas, muchacho. Siete princesas convertidas en piedra.

Ahora sí que Gunard está convencido de que la vieja está loca.

—La leyenda cuenta que una noche, las siete hijas del rey de Lofoten se escaparon para bailar desnudas en las aguas del fiordo. Y que su canto atrajo a Vagekallen, un hombre hermoso como los elfos, amante de la diosa Skadi, que al ver a las muchachas, quedó prendado. Tanto, que Skadi, celosa, ordenó al gigante Jorundr que matara a las hermanas. Sin embargo, Jorundr, ablandado por las lágrimas de las princesas, tuvo piedad de ellas y en lugar de matarlas, las convirtió en trolls.
—Pues vaya gesto de piedad —bufa Gunard—. Mejor muerto que convertirse en un gordo y apestoso troll.
—No me interrumpas, muchacho —sisea Gudilla—. Las princesas, horrorizadas por su nuevo aspecto, se sentaron a la orilla del mar esperando el alba para que los primeros rayos de sol las convirtieran en piedra. Y ahí las tienes —el brazo de Gudilla describe un arco señalando la cordillera de Alsta.
—¿Y qué demonios tiene que ver eso conmigo?
—Pues que la diosa Skadi, furiosa con Jorundr, lo encerró en el Jotunheim —ante la expresión confundida de Gunard, Gudilla se inclina hacia adelante levantando su retorcido dedo índice hasta casi tocar la punta de la nariz del muchacho—. Debes viajar al Jotunheim y matar a Jorundr. Así desharás el hechizo y las princesas volverán. Te cubrirás de oro, muchacho. Y el reino de Lofoten será tuyo.

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Mar Sep 25, 2012 11:24 pm

«Gertrud bala lastimeramente y arrastra su mutilada anatomía...»


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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Miér Sep 26, 2012 3:02 pm

mmmmm. tengo que retocar las tres primeras partes, porque me hice la picha un lío con los tiempos verbales, no quiero usar el pretérito, sino que quiero usar el presente. Así que a cambiar verbitos, toca jajaja

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Jue Sep 27, 2012 7:06 pm

ay madre, se me ha dado por ver la fechas y juer, ¿hace ya dos años del trozo anterior? a este paso me planto en los 80 tacos en dos parpadeos affraid affraid affraid

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Jue Sep 27, 2012 8:29 pm

Pues sí, precisamente velocidad no es uno de nuestros atributos bounce

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Jue Sep 27, 2012 9:56 pm

ostras, es que no pensaba yo que fuera tanto, te juro que tenía en mente como mucho 6 meses geek

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Vie Oct 05, 2012 1:13 pm

LA SEÑAL



El viento helado azota sin piedad la costa donde los bloques de hielo, acosados por el oleaje, se mueven y resquebrajan. Y sobre uno de esos bloques, indiferente al azote del viento y a las salpicaduras de agua que le empapan la ropa, está Gunard. Pensativo. Lleva un buen rato observando a las siete hermanas. Siete princesas convertidas en piedra. Todavía le cuesta creerlo —bueno, no le cuesta, No se lo cree—. Gudilla y sus runas dirán lo que quieran, pero no hay quien se trague que esas montañas sean en realidad siete hermosas y esbeltas princesas. No había más que mirar a esas enormes moles de roca para darse cuenta que de esbeltas las mozas no tenían nada. ‹‹Los que se convirtieron en piedra fueron los trolls, muchacho››. Las irritadas palabras de Gudilla resuenan otra vez en su cabeza. Se había cansado de discutir con la vieja sobre el disparatado destino que los dioses habían marcado para él, así que la dejó vociferando sobre la voluntad de Odín y compañía mientras él iba en busca de un alimento más consistente. Sonriendo satisfecho, Gunard baja la vista hasta el cuerpo ensangrentado que ha llenado de finos ríos escarlata el bloque de hielo sobre el que se halla y que los alimentará durante un buen número de días. Vuelve a clavar la vista en la costa de Alsta. ¡Matar a un gigante! Increíble. Cuando abandonó su hogar sólo pensaba en encontrar un lugar mejor: con más gente, comida abundante, mejor clima, ferias... Deja escapar un suspiro y, con la mano, tira con fuerza de los cordones que le ciñen la capa al cuello. De momento, el clima sigue igual, la comida no ha mejorado mucho y el único ser humano con el que se ha topado es una vieja loca que desde que llegaron a este lugar no deja de repetir que debe viajar al Jotunheim. Una risa nerviosa brota de su boca. Jotunheim. El reino donde los dioses encerraron a los gigantes. Más allá del océano. Aparta la vista de las siete hermanas y mira sobrecogido hacia el sur, allí donde la isla da paso al vasto y desconocido océano. Entrecierra los ojos intentando calcular hasta dónde llegará y si puede distinguir, allá en el horizonte, la silueta del reino de los gigantes.

—Podríais enviarme una señal —masculla.

Y en ese instante, lo ve. No es más que un bulto del tamaño de una cáscara de nuez. Pero en medio del mar, rumbo sur, está la señal que acaba de pedir.

Un drakar.

Con un grito de júbilo, se echa la foca al hombro y corre sobre el hielo hacia el campamento. Al llegar, deja caer su carga y se acerca a Gudilla, que ronca sonoramente abrazada a Gertrud. La agarra por los hombros y la zarandea hasta que la vieja abre los ojos asustada.

—¡Nos vamos al sur!

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Vie Oct 05, 2012 3:56 pm

«Gudilla y sus runas dirán lo que quieran, pero no hay quien se trague que esas montañas sean en realidad siete hermosas y esbeltas princesas. No hay más que mirar a esas enormes moles de roca para darse cuenta que de esbeltas, las mozas no tenían nada»


Y ahora aparecerá Olaf???? Juassss, el que faltaba para la salsa! risotada

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MensajeTema: Re: Los viajes de Gunard Stevenson   Miér Oct 17, 2012 4:38 pm

mierdaaaaaaaaa, se me ha borrado la puñetera escena, con lo gore que me estaba quedando. Eso me pasa por escribirla directamente aquí. Mecagoentodoloquesemenea

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Los viajes de Gunard Stevenson
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