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 Caleb

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Joana
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MensajeTema: Re: Caleb   Miér Jul 31, 2013 3:18 pm

Se llama "The Rose Demon", osea, El Demonio de la Rosa. Es de Paul Doherty. Normalmente escribe misterios medievales, pero tiene esta serie que es medieval paranormal y mola mucho. Leí otro que se llamaba El Ladrón de Almas y me gustó mucho. El prota también era un angel y había historia romantica de por medio

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yuls

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MensajeTema: Re: Caleb   Miér Jul 31, 2013 3:30 pm

Pos le voy a buscar porque llevo una semana con el tercero de juego de tronos y me da que lo voy a dejar pa la serie. Como llevo viendo la serie desde el principio los libros se me hacen aburridos.
Ya el finde me cambié cuando vi que había uno de Medeiros nuevo este año y el último de la saga hielo de Anne Stuart que me gusta mucho. Es que encima ya acabaron las series y una cuando no sale no sabe que leches hacer jajajaajaja
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Joana
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MensajeTema: Re: Caleb   Miér Jul 31, 2013 3:33 pm

Yo El Juego de Tronos me van a matar los puretes, pero leí el primero y cuando lo acabé llevaba un cacao mental incredible, así que no seguí con la serie. Verlo por la tele es más cómodo... aburrido 

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yuls

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MensajeTema: Re: Caleb   Lun Feb 09, 2015 11:39 pm

Aviso, cambié el 2 y voy a modificar un poco el tres que me quedó muy pobre ahí va un posible 4

CAPÍTULO IV

MADRID

La luz impactó en sus ojos haciéndola revolverse. Parecía que el día anterior se había olvidado bajar la persiana. Giró la cara en dirección contraria y trató de levantar la mano para taparse pero no pudo. Intentó abrir los ojos, pero los párpados le pesaban una barbaridad. Volvió a tirar de su mano y escuchó un lejano tintineo, como el que se oía al chocar el metal. ¿Qué estaba pasando?.

La intranquilidad hizo que redoblase sus esfuerzos consiguiendo abrir un ojo lentamente. Al principio estaba todo muy borroso, pero poco a poco pudo distinguir una pared pintada en blanco y un color verde claro. En la esquina había una especie de sillón de color granate y una silla de color gris más sencilla. Pero sólo al fijarse en la cama en la que estaba, se dio cuenta de lo más importante: aquéllo no era su habitación.

Asustada abrió el otro ojo mientras un malestar extraño la atravesaba de arriba a abajo, parecía como si la cabeza le fuese a estallar. Quería hacer el gesto de sujetársela pero  seguía sin poder moverse, así que bajó la vista a sus manos. Ambas estaban atadas a los barrotes de la cama por unas correas.  “¿Qué demonios?”, pensó tirando con fuerza de las extrañas ataduras.

Trataba de recordar que había pasado pero sólo un montón de imágenes difusas cruzaban por su mente. Miró por la ventana por la que se atisbaba los rayos de sol que la habían despertado y vio una especie de patio que no le sonaba de nada. Malos recuerdos pasados la abrumaron, mientras el miedo trepaba por su espalda cual escalofrío.

- ¡¡¡Hola!!! ¿Hay alguien ahí?- gritó a una puerta cerrada. - ¡¡¡Socorro!!!

Nadie contestó. Tiró de nuevo de las correas pero no consiguió ni un mínimo cambio. La impotencia hizo que las lágrimas asomasen a sus mejillas mientras sus muñecas ardían de las rozaduras.

- Ésto no puede ser. Es una pesadilla- se dijo. Cerró los ojos y volvió a abrirlos pero allí seguía atrapada.

Intentó hacer memoria, ¿cómo había acabado allí?. Lo último que podía visualizar era haber estado comiendo con su hermano. Carlos la invitaba a su casa todos los años por su cumpleaños. Su cumpleaños. Una fiesta. Ella había estado en una fiesta. Recordaba la música de Sober, la bebida. Había bailado. Llevaba unos minutos rompiéndose la cabeza cuando una enfermera con cara de pocos amigos entró en la habitación. La miró de reojo como si le tuviese miedo y luego salió dejando la puerta abierta. A lo lejos escuchó como decía “ya está despierta”. Ana estaba tan confundida por todo aquello que no acertó a decir nada hasta que vio a su hermano. Venía vestido de calle, con la ropa arrugada, como si la hubiese llevado puesta muchas horas. Estaba despeinado y ojeroso. Cuando la miró vio un atisbo de pena que no alcanzó a comprender. Luego se fijó que su camisa estaba manchada por la parte de abajo con un color rojizo.

- Menos mal. Carlos, Dios. ¿Qué ocurre?¿Dónde estoy?¿Qué te ha pasado?- el miedo inundaba su voz. Volvió a tirar de las correas. -Dime algo

- Hola enana, ¿estás bien?- dijo acercándose a la cama. Parecía aliviado al oírla hablar. - Tranquila, estás en un hospital- le dijo sujetándole la mano para que no se hiciese daño. Las correas estaba ásperas, así que los bordes de sus muñecas se estaban poniendo rojizos. - Me has metido un susto de muerte

- Estoy bien pero no entiendo nada. ¿Por qué me han atado?- respondió ella volviendo a tirar. Nunca se había sentido bien en espacios pequeños o siendo sujetada.
Él entendía su miedo así que se acercó y desabrochó la correa de la mano izquierda, pero no hizo ademán de tocar la derecha. Aún así aquello consiguió calmarla un poco.

- No puedo quitarte la otra, todavía no, pero tu tranquila peque. Yo estoy aquí. Antes que nada tienes que contarme lo último que recuerdas. Te prometo que luego te lo explicaré todo.

- Yo...- titubeó ella. - Recuerdo muy poco. Era mi cumpleaños. Comimos juntos.

- Si. Eso fue el jueves- dijo él sin dejar de mirarla con esa cara de pena

- ¿El jueves?¿Qué día es hoy?- murmuró ella tratando de respirar hondo

- Hoy es Martes Ana. Continúa- la incitó él

- ¿Martes?¿Pero qué demonios ha pasado Carlos? por dios, dime algo- respondió sin entender nada. Cuatro días. Había perdido cuatro días de su vida.

- No puedo Ana. Confía en mi. Sigue haciendo memoria. Pronto estará aquí, necesito que me digas todo lo que recuerdes. Necesito algún sitio por donde empezar. Respira hondo, cierra los ojos y trata de recordar. No te dejaré peque.

Ana trató de calmarse y hacer lo que le pedía. Le explicó como se había despertado de la siesta, lo de la fiesta sorpresa de sus compañeras, la conversación que tuvo con Iván. Luego nada
- Respira hondo ¿Recuerdas si era de día o de noche? ¿Viste la luz del sol en algún momento?

- Recuerdo que era de noche, después, después.- Una imagen iba tomando forma en su cabeza. Estaba tumbada en el sofá de casa, había un silencio ensordecedor. Se incorporaba  para ver un montón de sangre por el salón. La mesa donde estaba la tarta, tenía líneas de sangre como si hubieran arrastrado algo hacia abajo. Su ropa estaba empapada y sus piernas también. Miró sus manos y el rojo inconfundible las coloreaba. El olor metálico le saturó el olfato y entonces sintió las sacudidas. Abrió los ojos y vio a su hermano zarandeándola con expresión asustada

- Ana cálmate, estabas chillando ¿qué ha pasado? ¿qué viste?- dijo mientras la abrazaba

- Sangre por todas partes, mis manos, sangre

- Tranquila, lo vamos a arreglar. Tranquila- le repetía su hermano sin dejar de sostenerla fuerte
Un torrente de recuerdos la arrolló como si de un tsunami se tratase. La otra vez se había despertado en su cama. Su madre a un lado recostada junto a ella. Su hermano sentado en un sofá mirándola. En el techo se reflejaban luces de colores que venían de fuera. No sabía que había ocurrido. Carlos se había levantando, la había cogido de los hombros sin despertar a su madre y le había dicho exactamente lo mismo. “Tranquila, lo vamos a arreglar”

En ese momento entraron dos hombres: un médico, vestido de traje y con una bata blanca cuya mirada la intimidó; el otro, un desconocido, iba vestido con una cazadora de cuero y vaqueros.  Este último debía tener la edad de su hermano y la miraba como si la conociese.

- ¿Qué haces aquí Carlos?

- Es mi hermana Héctor, no la voy a dejar

El tal Héctor se giró hacia el médico y pudo ver la placa que llevaba sujeta al pantalón, era otro inspector. El policía se acercó a la cama del lado opuesto a su hermano y vio que ella tenía una mano suelta. Mano que su hermano estrechaba con firmeza. Ambos hombres se miraron.

- Hola Ana. Soy el inspector Castrillo. Soy compañero de tu hermano en la comisaría. Tengo que hacerte unas preguntas. Primero el médico te examinará y luego necesito que trates de hacer memoria

Ana se pegó un poco más a su hermano y asintió.
- ¿Sabes donde estás?
Ella se limitó a sacudir la cabeza en señal de negación

- Estás en la Unidad Psiquiátrica del Hospital Gregorio Marañón. En la zona de aislamiento. Es la mejor unidad en esquizofrenia y trastornos mentales de ese tipo, así que pensamos que aquí estarías más cuidada

- Gracias- susurró ella sin soltar a su hermano. Era como si las palabras le entrasen por un oído y le saliese por el otro, sin llegar a penetrar del todo en su mente.

Carlos se inclinó para darle un beso en la frente antes de hablarle al oído.
- No te preocupes peque. Yo voy a hablar con el inspector fuera, pero luego estaré aquí contigo. No te voy a dejar.

Ana asintió soltando la mano a la que se aferraba para poder hablar con el doctor. Luego su hermano salió de la habitación junto con el inspector Castrillo y se alejó un poco de la puerta. No se había dado la vuelta cuando Héctor habló:

- Eso fue lo mismo que dijo la otra vez ¿verdad?. He leído el informe. Sé que la quieres, que es tu hermana, pero has empezado a plantearte alguna posibilidad distinta aunque no te guste. Es un peligro Carlos. Deberían diagnosticarla

No había terminado la frase cuando su compañero le asestó un puñetazo en plena mandíbula que casi lo tira al suelo. Luego se giró nervioso sin hacer ademán de que le hubiese dolido.
- Ella no está loca, todo tiene una explicación. Y no tienes ni idea. Por el momento es una víctima así que espero algo de profesionalidad  de tu trabajo

Héctor le miró con dureza aunque tratando de entender su reacción. Desde que le habían asignado el caso sabía que iba a ser difícil. Ni siquiera alcanzaba a comprender como se sentía su compañero en aquella situación, pero tenía que hacer su trabajo. Se tocó el labio limpiando las gotas de sangre que habían surgido de su labio. Le habían dolido más aquellas palabras que el golpe. Conocía a Lito, como todos le llamaban, desde hacía varios años. No quería acabar mal con él.

- Si por la profesionalidad fuera tú no estarías aquí

- Yo no estoy aquí como policía. Como bien has dicho, ella es mi hermana. Aún no he podido avisar a mis padres. No voy a dejarla sola y si no te gusta no hablarás con ella.

- Bueno tu haz lo que tengas que hacer, yo haré lo mismo

El médico salió en ese momento. Carlos no quiso escuchar nada y entró de nuevo, mientras el doctor trataba de explicarle al inspector la situación.

- Puede hablar con ella pero no lo garantizo nada. Pudo haber sido un brote psicótico. Aún es muy pronto para decirlo. Parece que tiene la típica amnesia de alguien que ha pasado por un hecho traumático. No puedo decirle más

El inspector Castrillo asintió y le pidió que estuviera presente en el interrogatorio antes de volver a entrar. Se acercó a la cama e hizo como que Carlos no estaba allí mirándole como un perro de presa. Luego empezó a hablar tratando de sonar lo más calmado posible.

- ¿Sabes por qué estás aquí, Ana?. ¿Recuerdas algo de las últimas 72 horas?

- No recuerda nada desde el jueves- murmuró Carlos protector

- Deja que conteste ella- dijo Héctor cabreado

Su compañero hizo ademán de enfrentarse a él, pero Ana le sujetó para hacerle ver que no pasaba nada. No quería que su hermano se metiese en problemas por su culpa.
- Lo último que recuerdo es la fiesta sorpresa. La habían preparado mis amigos. Les dije que no quería nada pero no me hicieron caso- le contó al inspector todo lo que sabía a ciencia cierta. - Mis compañeras de piso estaban allí. Paula y Lucía se lo pueden explicar todo. A Paula no le gusta beber, seguro que recuerda todo. ¿Dónde están?¿Habéis hablado con ellas?

El inspector miró a su compañero obviando la pregunta. Debía hilar muy fino en aquella ocasión. Después de todo por el momento, ella seguía siendo una víctima.
- Pero ¿qué ocurre?. Decirme de una vez porque no recuerdo cuatro días de mi vida. ¿Qué pasó?¿Me drogaron?

- Cálmate peque- le dijo su hermano acariciándole la mano. Después miró a su compañero que le entendió al instante, y le hizo un gesto de asentimiento- Yo te lo explicaré pero tienes que estar calmada ¿vale?. Te contaré lo que sabemos. Ayer alguien de tu edificio llamó a la policía dijo que salía un fuerte olor del descansillo. Explicó que se habían oído ruidos raros a los largo del fin de semana pero que como vosotras nunca habíais molestado lo dejaron pasar. La policía picó a la puerta pero como nadie abría se solicitó una orden y se hizo por la fuerza. Te encontraron en el salón desmayada-. Carlos no sabía si debía continuar pero Héctor decidió por él.

- Estabas cubierta de sangre, de los pies a la cabeza. A tu alrededor había una cantidad que supera ampliamente la de un cuerpo humano.

- No puede ser, yo estoy bien. No tengo ninguna herida, no puede ser- murmuró ella mirando lo que podía de su cuerpo. No sentía ningún dolor, excepto el malestar de la cabeza. No podía ser

- No era tuya Ana. A penas tienes alguna herida superficial, como si fuese defensivas. La sangre creemos que eran de las otras seis personas que había en el piso- Ella ni siquiera entendió la frase que le dijeron.

- Genial, Paula y Lucía seguro que saben lo que pasó. Iván, también podemos preguntarle a Iván.
Ambos detectives se miraron preocupados. Carlos no sabía como decirlo. El médico decidió intervenir. En aquellas situaciones traumáticas era normal la confusión en pensamientos y razonamientos, así que trató de ayudarla.

- Ana, soy el doctor Blanco. Soy psiquiatra en esta institución. Espero que entienda que ha pasado por una experiencia muy traumática. Así que no debe alarmarse por lo que le vayan a contar. Aún no se sabe nada con seguridad, así que tranquila

- Doctor, usted quizá quiera entender que me dormí en medio de una fiesta de cumpleaños, feliz con mis amigos y  me he despertado en un puto hospital. Quizá lo entienda- murmuró abrumada. No quería pensar, no podía entender.

Carlos sabiendo que su hermana era fuerte, que había pasado por mucho y lo había superado, usó la manera más directa posible. Quería ser sincero con ella. Sobreprotegerla la última vez no había servido de nada.

- Ana están muertos. Las seis personas que había en el piso eran cadáveres cuando la policía entró. La única superviviente eres tú. Y lo siento mucho pero Paula y Lucía estaban allí. A Iván no lo conocía, algunos tenían heridas muy feas. Lo siento mucho- Le dijo abrazándola. - Todo va a salir bien, no te preocupes.

- No, no, no, no, no- empezó a replicar ella mientras forcejeaba con su hermano. - Estáis equivocados. Esto no está pasando. No- repetía sin control

- Cálmate cielo, me prometiste que ibas a estar calmada. Cálmate. Todo se arreglará, te lo prometo- Le respondió cogiéndole la cara con las manos

- No, no, no. No puede ser. No, Dios. Paula, Lucía, Ivan. No, no. No- con el último grito de angustia, una especie de honda arrastró a los inspectores y al médico que chocaron contra la pared del fondo. Ana chilló tirando de la correa que aún la sujetaba. De inmediato, una fuerza extraña la poseyó liberándola y empujándola fuera de la cama.

Cayó al suelo mientras los cristales de la ventana saltaban por los aires. Aturdida sintió su corazón latir a mil por hora. Puso las manos en el suelo como tratando de parar el remolino que amenaza con tragársela, pero lo único que pudo sentir fue una vibración, semejante a un terremoto de baja intensidad. Sólo cuando vio a su hermano inconsciente, logró calmarse. Asustada corrió a sujetar a Carlos, le levantó la cabeza y puso el oído en su pecho dándose cuenta de que su corazón aún latía. Respiró tranquila, pero al verle así, su mente se centró en buscar ayuda. Salió al pasillo y chilló pidiendo un médico. Luego volvió con su hermano y trató de hacerle reaccionar pero no había manera. Al ver que no venía nadie, decidió ir a buscar ayuda ella misma. Corrió al pasillo descalza y con el típico camisón de hospital.

Atravesó el corredor sin cruzarse con nadie, pero casi al final una puerta abierta llamó su atención. Pensando que alguna enfermera o médico pudiese andar por allí decidió entrar.
- Hola, hay alguien ahí, por favor, necesito ayuda- dijo cruzando titubeante el umbral. No lo había traspasado del todo, cuando una mano enorme la atrapó desde atrás, tapándole la boca. Trató de resistirse pero tenía demasiada fuerza

- ¿Quién eres?¿Qué haces aquí?- le susurró una voz con acento irreconocible antes de apartar un poco la mano

- Yo necesitaba ayuda. Accidente- logró decir ella antes de que le volviese a tapar la boca. Un inconfundible olor a salitre le inundó las fosas nasales. Un aroma profundo que la hizo pensar en una lugar deshabitado con arena bajo sus pies, un inmenso cielo azul encima y el sonido del mar de fondo.

Aquella voz extraña la sacó de su ensimismamiento cuando soltó algo inteligible, para luego aflojar un poco el agarre. Asustada como estaba, solo entonces se fijo en la cama que había frente a ella. Una cama típica de hospital aunque con correas en ambos brazos donde yacía una mujer de unos cuarenta años, al parecer inconsciente.

El individuo que la retenía la giró sin soltarla y la miró directamente a los ojos. Aquel hombre era impresionante. Debía medir más del metro ochenta, ya que ella a penas le llegaba por el hombro y no era precisamente bajita. Tenía una media melena de color rubio pajizo. Cuando la miró se quedó casi hipnotizada viendo unos ojos azul oscuro que parecía que podían mirar dentro de ella. Después de observarla un buen rato en silencio, volvió a hablar.

- Bueno te has equivocado de lugar y de momento. Ahora sé buena chica, vuelve por donde viniste y olvida que me has visto- murmuró empujándola hacia la puerta sin muchos miramientos, como si su palabra fuese ley.

Ana olvidó por un momento la situación para sentirse totalmente indignada por la actitud del tipo.
- Oye tío, con un no puedo ayudarte, ya valía- respondió a su espalda

El hombre se giró con cara de perplejidad, agarrándola de los hombros tan rápido que no le dio tiempo a huir.
- ¿Qué has dicho?

El cabreo dio paso al miedo de nuevo hasta que vio algo detrás del hombre, algo que la hizo acercarse más a su agresor. Un humo negro surgía poco a poco alrededor de la cabecera de la cama. Una especie de humo denso que iba ascendiendo por el pecho de la mujer
Su agresor se dio cuenta y se giró antes de volver al mirarla, como si aquel fenómeno fuese totalmente normal. Entonces la sujetó por los hombros tenso y le soltó con tono asqueado.
- Puedes verlos?¿Qué eres tú?

A continuación todo fue muy confuso. De repente, el mundo giró sobre su eje y la joven se vio subida sobre el hombro del desconocido. El golpe en el estómago le hizo perder el aliento mientras el gigantón la cogía por el culo, desnudo sin la fina bata, y la arrastraba fuera de la habitación. Todo aquello era demasiado para ella. Estaba más flasheada que un ciervo que se encuentra de noche con la luz de un coche.

Desde su perspectiva sólo podía ver el humo o sombras extenderse por el pasillo al tiempo que oía como una especie de gruñidos, que casi podía asegurar que venían de aquella masa oscura. Ana trató de girarse mientras se apoyaba en la espalda del hombre. Una extraña forma dura le llamó la atención. Era como que llevase algo sujeto de alguna manera a la espalda. Sólo al seguir la forma se dio cuenta de que parecía un cuchillo o una espada. Tenía que estar alucinando, aquello no tenía ningún sentido. ¿Le habrían metido alguna droga en la bebida durante la fiesta? ¿Estaría ahora corriendo por su casa con el culo al aire?

Mientras divagaba tratando de analizar lo ocurrido el gigante aumentó el paso. Cruzó dos pasillos y se giró para asegurarse de que nada los seguía. Al llegar a una puerta con un vigilante soltó un “tú no nos ha visto” y continuó saliendo de la unidad psiquiátrica como si tal cosa. Al llegar a la puerta el frío la hizo reaccionar. Primero le golpeó en el hombro, y le gritó intentando llamar su atención pero el hombre seguía caminado como si nada. Entonces vio a su hermano en el pasillo de entrada corriendo. Por un lado sintió un alivio muy grande. Él estaba bien. Pero entonces se dio cuenta de que el hombre estaba llegando a un coche. Se la iba llevar.
-  Bájame de una vez, bájame chiflado.

Inmediatamente una mano cayó contra su culo picando tanto como para dejarla muda.
- Silencio. Ya tendremos tiempo de hablar después

- Pero ¿quién coño te crees que eres?. Mi hermano me necesita. Suéltame ya- un pequeño temblor recorrió su cuerpo como cuando había tirado a todos en la habitación, pero aquel desconocido a penas se inmutó. Casi pudo sentir lo que parecía una leve sonrisa.

El gigante caminó tan tranquilo hasta una de las salidas. Unos minutos después cruzó una puerta y la luz del día deslumbró de por si a Ana, cuya mente se había bloqueado hace tiempo. Alucinada se dejó llevar hasta un BMW negro aparcado en lo que parecía una salida trasera. Sin muchos miramientos la mole abrió la puerta de atrás y la tiró dentro. Literalmente la arrojó como si fuese un fardo y con el culo al aire. Después cerró y montó en el asiento del conductor. Apretó varios botones y el coche comenzó a moverse. Ana se encogió en una esquina incapaz de procesar nada de lo que había pasado. Un segundo después empezó a chillar como si el mundo se fuese a acabar en aquel momento. Soltó un sonido desgarrador con los ojos cerrados hasta que escuchó el ruido de los cristales del coche resquebrajarse y volar por los aires. Le dio igual y siguió chillando como una banshee enloquecida, ya todo le daba lo mismo. Aunque no prestó atención, un rugido resonó en el coche haciendo que de inmediato su garganta se cerrase. Después el coche se detuvo, el hombre se giró y la miró directamente a los ojos. Alargó una mano como queriendo tocarla pero ella no se amedrentó y siguió desafiándole con la mirada. Lo último que vio antes de volver a desmayarse fue como un ceño fruncido oscurecía aún más el azul de los enormes ojos del gigantón.
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Caleb
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