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 ESCENAS SUELTAS

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anarion
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MensajeTema: ESCENAS SUELTAS   Mar Ene 19, 2010 1:27 pm

Bueno... estaba haciendo limpieza en el ordenador de casa y al ver la carpeta con las escenas que había escrito para ediciones antiguas del juego de escenas, pues me dio pena que estuvieran allí guardadas criando polilla sin que nadie las pudiera leer, así que he decidio volverlas a poner en el foro. No son una maravilla, pero algo entretenidas sí que son, así que si os apetece leerlas, pues aquí os las dejo lol!

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anarion
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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Mar Ene 19, 2010 1:37 pm

ESCENA 1: EL VAGABUNDO

PALABRAS: fuego, sonrisa, zafarse, musculoso, chiste, suave, curiosidad, pecho, colmillos y sangre
.


Era de noche, el vagabundo deambulaba por un callejón oscuro en busca de un lugar donde resguardarse del frío. Le parecía un mal chiste el encontrarse en esa situación: él había sido un hombre rico. Hasta hacía poco más de seis meses, ni se le hubiera ocurrido aventurarse por un lugar como aquél, pero en fin, así estaban las cosas. Ya no podía elegir. Esto era lo que había.

Al llegar al final del callejón, vio a dos individuos sentados alrededor de un fuego. Se acercó a ellos con una sonrisa de reconocimiento: allí estaba Jack. Era un hombre moreno, musculoso y llevaba una camisa gris manchada de grasa, abierta hasta la cintura, mostrando su pecho cubierto de cicatrices. Al otro no lo había visto nunca, tenía un aspecto extraño, casi siniestro. Lo observó con curiosidad. Tan absorto estaba, que no se dio cuenta de que el hombre le estaba hablando.

- No me gusta que me miren. Si quieres algo, dilo, pero deja de observarme.- su tono de voz había sido suave, pero sus ojos tenían una mirada inquietante.

- Lo...lo siento.

El vagabundo miró a Jack, buscando una señal de que era bienvenido junto al fuego, pero sólo recibió silencio y una mirada esquiva por parte de su amigo. Intentó aproximarse, pero cuando iba a adelantar las manos para calentarse, un gruñido escalofriante le dejó helado e inmóvil. Junto a lo otros dos hombres había un animal, medio perro, medio lobo, al que no había visto al llegar. La bestia, al detectar el pánico que invadía al vagabundo, se puso de pie y le enseñó sus colmillos manchados de sangre, después se abalanzó sobre él. Aunque el hombre intentó zafarse del ataque, no fue lo suficientemente rápido y no pudo evitar que el perro le desgarrase la yugular.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Mar Ene 19, 2010 2:05 pm

ESCENA 2: LAS TRIBULACIONES DE ALICIA

PALABRAS: secreter, pomo, anteojos, grano, campanas, taza, terciopelo, apagón y camafeo
.



- Hay que ver, ¡maldita sea!, justo hoy tenía que pasarme esto.

Alicia estaba recorriendo su habitación, de una manera muy poco delicada, haciendo aspavientos con los brazos y echándole miradas furiosas al culpable de su estado de agitación. De repente se quedó quieta y, mirando hacia el destinatario de su ira, le espetó:

- Y ahora me puedes explicar, ¿por qué demonios has tenido que salir hoy de tu escondrijo para arruinarme el día, eh? ¿Te parecía qué estaba demasiado guapa? ¿Qué tamaña perfección no era digna de pisar la tierra? ¿Es eso? Aaaaajjjjj.....

Toc, toc, toc.

- ¡Pasa!
- Vamos a ver, ¿se puede saber qué tienes? -le dijo su madre, entrando a medias en la habitación.- Parece como si hubiera una manada de elefantes en estampida dentro de este cuarto, ¿no podrías pisar con un poco menos de fuerza?. Has hecho que a tu abuela se le volcara la taza del café por culpa de la vibración.
- ¡Mira! -gruñó mientras se señalaba la punta de la nariz- ¡Mira! ¿Has visto alguna vez algo parecido?.
- Sólo es un grano, Alicia. No es para ponerte así.
- ¡Un grano, un grano!... Mamá, un grano, es una pequeña inflamación de color rojizo que te estropea ligeramente el cutis, pero ¡esto!....¡tiene el tamaño del Teide!
- Vamos, no exageres mujer... con un poco de maquillaje lo tapas y listo.
- Tú no lo entiendes, mamá - Alicia se dejó caer de espaldas sobre la cama con cara apesadumbrada- Hoy se supone que tenía que ser el día más feliz de mi deslumbrante vida. Hoy, le iba a conceder el gran honor de acompañarme a la fiesta de cumpleaños de Cecilia, al chico más guapo de todo el instituto, pero ahora, en lugar de ir con la belleza más grande de la creación, Esteban irá acompañado por una mujer cuya cara nada tiene que envidiarle a las gárgolas que invaden las catedrales de arte gótico.
-Bueno, bueno.... veo que es uno de esos días en los que tienes uno de tus ataques de egocentrismo, así que te dejo sola, para que te revuelques en la autocompasión por no estar tan "perfecta". -y dejando a su hija haciendo muecas de disgusto, salió de la habitación. Tras cerrar la puerta, le dio la vuelta al cartelito que estaba colgado del pomo, que ahora lucía un espectacular “Su alteza real está indispuesta y hoy no concede audiencias”.

Esteban llegó a las ocho en punto para recogerla. Alicia lo supo por el sonido de las campanas de la iglesia que estaba cerca de su casa y, que en ese mismo instante, anunciaban al mundo la hora exacta en que la joven más deslumbrante, hermosa, inteligente y sociable de la región iba a enseñarle su aspecto más grotesco, al inspirador de suspiros y sueños románticos de toda muchacha mayor de doce años y menor de veinte, entre las cuales se encontraba ella.

Vestida con una falda negra, que le llegaba justo por debajo de las rodillas y que le daba un aspecto de chica de los años sesenta, con un top de terciopelo granate, unas sandalias del mismo color y peinada con una cola de caballo, Alicia, bajaba las escaleras con paso lento y una expresión fúnebre pintada en la cara.

- Ni que fueras a un entierro.

La voz llegó desde un lado del vestíbulo, pero Alicia, tuvo que estirar el cuello para poder ver a su abuela, que estaba sentada en una banqueta detrás del secreter que utilizaban de recibidor. Era una anciana menuda, de pelo canoso, con anteojos de cristales gruesos y montura de pasta negra, llevaba un vestido también negro con un chal del mismo color rodeándole los hombros. El único detalle a destacar en su indumentaria era un pequeño camafeo de marfil prendido encima de su pecho izquierdo.

Dirigiéndole una sonrisa, que elevaría a la categoría de carcajada a la de la Gioconda, Alicia se acercó a su abuela y le dijo muy seria:

- Pues sí, abuela. Voy a un entierro. Hoy quedará sepultada para siempre la soberbia imagen que de mí tienen todos los chicos del instituto y mi inigualable y resplandeciente belleza pasará al olvido y será sustituida por una visión repugnante, repulsiva, grotesca, espeluznante, grimosa....
- Bueno niña, espero que sobrevivas a tan desagradable acontecimiento- se burló la anciana.
-...., pero todavía tengo una esperanza, nana. Ojalá, se produzca un apagón durante la fiesta, o mejor, ahora mismo. Así no tendría que mostrar esta máscara horripilante que llevo por cara.

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anarion
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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Mar Ene 19, 2010 2:36 pm

ESCENA 3: LA FIESTA


PALABRAS: bruma, recuerdos, ratón, saltar, momento, cadena, anochecer, sensual, banquete y furioso
.


¡Malditos recuerdos! No consigo que se vayan. Cuando pienso que ya me he librado de ellos, algo desciende sobre mi memoria devolviéndome al pasado. Son como una bruma dentro de mi cabeza. A veces tan dispersa que parece inexistente y otras veces tan densa y sofocante que amenaza con ahogarme.

Hace cinco años que sucedió aquello. Un momento de mi vida horrible y humillante. Por fin había conseguido, a base de duro trabajo y esfuerzo, que me valoraran y respetaran como a un miembro más del equipo de ingenieros de la empresa. No podía ser más feliz. La imagen de niña torpe y molesta que tenían de mí cuando empecé como simple becaria, ya era historia.

Entonces ocurrió. Como un castillo de arena que se deshace al subir la marea, todo se fue al garete en un abrir y cerrar de ojos.

"Fue un lluvioso viernes de Octubre del 2001. Celebrábamos una fiesta conmemorando los cincuenta años del Sr. Blázquez al frente de la empresa. A sus ochenta años aún tenía la vitalidad de un hombre de cuarenta. Para tal evento, se reservó el comedor del hotel más prestigioso de la ciudad y, al banquete, asistieron los ejecutivos de las empresas más importantes del sector. Fue una oportunidad inmejorable para codearme con la flor y nata del mundo de la aeronáutica.

Acababa de anochecer, cuando Oscar pasó a recogerme. Era un compañero del trabajo y, con un poco de suerte, hubiese llegado a ser algo más.

- Estas preciosa -dijo.
- Tú tampoco estás nada mal -le respondí, "nada, pero que nada mal".

Era un morenazo de metro noventa, tenía treinta y cuatro años, unos ojos grises increíbles y una sonrisa de lo más sensual. Esa noche vestía un traje de Armani que hacía juego con el color de sus ojos y, que se amoldaba a la perfección a su cuerpazo de atleta. Iba a ser la envidia de todos los hombres que acudirían a la velada. Y yo, sería la envidia de todas las mujeres.

Llegamos al hotel bajo una lluvia torrencial, casi todos los invitados se encontraban ya en el interior disfrutando de la fiesta. Como pensaba, fuimos el centro de atención. Oscar debido a su imponente físico y yo, por ser su afortunada acompañante. Todo estaba transcurriendo a pedir de boca, me desenvolvía entre los asistentes como pez en el agua, incluso conseguí que el presidente de AERCONSA (la empresa más importante en construcción de aeronaves del país) me concediera una entrevista para la semana siguiente. Si tenía suerte, podría cambiar de empleo y conseguir el puesto de Jefa del departamento de ingeniería. ¡Ni en mis mejores sueños había esperado algo así! Pero bueno, como se suele decir "hay gente que nace con estrella y otra que nace estrellada". Por desgracia, yo pertenezco a este último grupo.

Fui al servicio para retocarme un poco el maquillaje y para aliviar mi vejiga, que con tanto champán la tenía a punto de explotar. Estaba sentada en el retrete, cuando algo llamó mi atención. ¡No me lo podía creer! ¡Aquél era el hotel más prestigioso de la ciudad! ¡Era imposible, no, no podía ser! Pero era. Un ratón, o mejor dicho, una rata del tamaño de un chigüagüa estaba allí mirándome con sus ojillos siniestros. Al parecer debí de hacer algo que la molestó, porque dio un chillido furioso y se dispuso a saltar sobre mí. No me lo pensé dos veces y gritando como una histérica salí corriendo del lavabo. Ni siquiera me paré a tirar de la cadena.

- ¡Una rata, una rata! -chillaba. No podía dejar de temblar y de corretear de un lado para otro.

De repente, me di cuenta de que todo el mundo me estaba mirando; Óscar, rojo como un tomate, mi jefe horrorizado y con cara de pocos amigos, el Sr. Osuna (presidente de AERCONSA) se había quedado con un canapé a medio camino de su boca abierta por la sorpresa. Y lo peor de todo, lo más humillante, las risitas burlonas de todas las mujeres que tan sólo unos minutos antes estaban verdes de envidia. Yo no entendía nada, hasta que vi mi reflejo en uno de los espejos que cubrían parte de la columnas del comedor.

- ¡Ay, dios! -exclamé.

En mis prisas por escapar de aquella alimaña, me había subido la ropa interior tan rápidamente que no me di cuenta de que la falda de mi traje de chaqueta se había quedado por dentro de mis bragas. Así que, allí estaba yo, en medio de un salón repleto de gente, enseñándole el culo a todos los presentes.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Mar Ene 19, 2010 7:54 pm

ESCENA 4: EL GUERRERO

* Para las que os acordéis de esta escena, deciros que está adaptada para otro concurso, así que es más larga... y "romántica", que ya sabéis que antes de romántica no tenía nada de nada, jaja.

PALABRAS: albahaca, ululante, castigo, alas, camino, horizonte, tormentoso, suspiro, caricia, alfileres


Los hombres de su tío habían regresado al castillo mucho antes de lo previsto: asustados y espantados por el horroroso espectáculo que habían presenciado en la aldea de Thurso. Lewellyn se había acercado al gran salón para escuchar el relato que Iain estaba detallando para la atemorizada audiencia, encontraba esas historias morbosamente fascinantes. Era incapaz de comprender como aquellos hombres encontraban tanto gozo y placer en asaltar las aldeas y en profanar los lugares santos, donde violaban y se mofaban de la castidad de las religiosas. ¡Espeluznante! Y arderían en el infierno por ello. Paseó su mirada con ansiedad por la concurrencia, esperando poder contemplar nuevamente al guerrero extranjero que llegara con las últimas nieves para ayudarles en su lucha contra los bárbaros invasores. Pero no se hallaba entre los presentes. Estaba abandonando el salón cuando las palabras de Iain hicieron que su corazón dejara de latir durante un momento. ¡Santo Dios! Lo habían abandonado a merced de aquellas bestias sedientas de sangre.


Lewellyn salió de las sombras y siguió el contorno de la muralla. Debía apresurarse, Alastair la esperaba al otro lado de la fortaleza con la vieja Molly enganchada a la carreta. No tenía tiempo que perder. Sabía que lo que se proponía a hacer era una temeridad y que muy posiblemente le costara la vida. Si los vikingos seguían por los alrededores de Thurso, que Dios se apiadara de su alma y le permitiera morir rápidamente, pero ella no podía abandonarle de la misma forma cobarde que habían hecho los miembros de su clan.

- Lill, ¿sabes que seguramente ya esté muerto, verdad? –susurró Alastair al tiempo que la ayudaba a subir.
- Lo sé, Al. Y si no quieres venir…
- Iré Lill, no voy a dejar que te vayas sola. Pero esto me costará el pellejo. Si no nos matan los vikingos, a mí me matará tu tío –suspiró con resignación.

El cielo se fue cerrando de nubes a medida que avanzaba la tarde y mermaba considerablemente la visibilidad. Alastair hacía avanzar la carreta con mucha lentitud a través del camino repleto de piedras y zanjas. Maldijo para sí. Si el cielo se cerraba del todo y no permitía el paso de la luz de la luna, no podrían seguir avanzando. Se disponía a advertirle a Lewellyn que deberían buscar un lugar para acampar, cuando un gemido apenas audible, hizo que fijara su atención en un bulto oscuro que había en el margen izquierdo de la senda.

- ¿Lo has… -empezó, pero su compañera de viaje ya había saltado de la carreta y se agachaba al lado del montículo.

Lewellyn se acercó con vacilación, pero se apresuró a arrodillarse al reconocer la silueta de un hombre que estaba tirado al borde del camino. Con cuidado lo giró y apartó como pudo los restos de tierra y hojas que se adherían a su rostro y cabello. El infeliz estaba medio muerto, incluso podría ser que expirara de un momento a otro, tal era su estado. Iba a pedirle ayuda a Alastair para subirlo a la carreta cuando se fijó en el saquito de cuero que le colgaba del cuello. ¡Gareth! Dejó escapar un grito y se llevó las manos a la boca para contener un sollozo.

-¡Al! –llamó, mientras intentaba pasar los brazos por detrás de la espalda de Gareth para incorporarlo- Ayúdame a subirle a la carreta. Debemos darnos prisa y volver hasta la cabaña de Gwyneth, la hierbera. No creo que aguante mucho tiempo
- ¡Santo Dios! –exclamó Alastair al ver lo que le habían hecho al extranjero- Es una suerte que todavía respire -gracias al castigo que le había sido infligido, su cuerpo presentaba tal estado de deformación, estaba tan maltrecho que ni su propia madre le habría reconocido.

Lo subieron a la parte de atrás de la carreta y lo acomodaron lo mejor que pudieron. Lill se sentó a su lado, mientras Al guiaba a Molly hacia la casa de la curandera. Con ternura, Lewellyn acarició el nacimiento del cabello de Gareth y se lo apartó de la frente. Las lágrimas fluyeron cuando se acercó y rozó con sus labios la hinchada y ensangrentada boca del hombre.

- Aguanta, mi amor. No te me mueras ahora.



El dolor era tan espantoso, que Gareth sentía como si cada parte de su anatomía estuviera unida al resto del cuerpo mediante unos simples e insignificantes alfileres. Sentía que cualquier movimiento, por ligero que fuera, podía hacer que cada uno de los huesos que formaban su esqueleto se separaran y desmembraran dejándole tirado como una masa informe incapaz de moverse. Un suspiro escapó de su garganta. ¡Parecía mentira!, pero incluso ese pequeño gesto le había producido una infernal agonía. Hasta hoy nunca hubiera pensado que el paso del aire desde sus pulmones hasta su boca pudiera ser una forma más de tortura. Pero ellos habían conseguido que así fuera. ¡Si lo hubiera sabido antes! Nunca se hubiera quedado allí para hacerse el héroe, total, nadie se lo iba a agradecer.

Cuando tres semanas antes, los miembros del clan McIntire solicitaron ayuda, él se había ofrecido gustoso a proporcionársela. Jamás volvería a cometer semejante error. Las buenas acciones y la ayuda al prójimo no conducían a ningún sitio. Perdón, sí que lo hacían. Te llevaban directamente al infierno. Aquellos cobardes le habían dejado solo frente a sus enemigos. Todavía tenía grabada en la retina la poco honrosa huida de todos aquellos hombres que prometieron luchar hasta su último aliento si era él quien les guiaba a la batalla. ¡Mentirosos! Algún día les haría pagar por todo. Algún día se cobraría cada gota de sangre que le hicieron derramar por su culpa, cada jirón de piel que le arrancaron de su espalda, cada diente que tuvo que escupir para no tragárselos, cada hueso roto debido a los numerosos golpes recibidos.... Algún día.....Si conseguía sobrevivir.

Se despertó después de haber dormido, o mejor dicho, de haber estado inconsciente durante un rato, no sabía cuanto. El sonido ululante del viento se filtraba entre las rendijas de una ventana. ¿Cómo había llegado hasta allí?. De pronto sintió algo, una leve caricia en su hinchado rostro. Aunque estaba despierto no podía ver nada, la inflamación de sus párpados no le permitía abrir los ojos. Otra vez... de nuevo esa inexplicable sensación, como si una mariposa anduviese revoloteando a su alrededor y de vez en cuando sus alas rozaran su cara. También percibió un ligero aroma a albahaca. Frunció el ceño, o por lo menos hizo el intento. Para su asombro no sintió dolor alguno.

- Tranquilo. No te muevas. -él quiso responder, pero los cortes de su cara le impidieron articular palabra.

¡Dios!, parecía como si sus labios fueran a caerse a pedazos. Notó como un líquido viscoso le resbalaba por la comisura de la boca, descendiendo por su barbilla. El olor metálico que desprendía no dejaba lugar a dudas. Su piel se había abierto dejando fluir la sangre.

-Sssshhhh. Si no te estás quieto, no podré ayudarte. - "¡si no me estoy quieto!" pensó con incredulidad. No podría mover un músculo ni aunque su vida dependiera de ello- Seguramente te preguntarás, que dónde te encuentras. Calma. Obtendrás respuestas a su debido tiempo. De momento te basta con saber que estás a salvo. El destino ha querido que te encontráramos en nuestro camino a Thurso, estabas tan cubierto de polvo y hierbajos, que si no llega a ser porque te oímos gemir de dolor, te hubiéramos pasado por encima con el carro, pensando que eras un accidente más del camino. -la mujer vertió un poco de jarabe de sauce blanco en un cuenco de agua y se lo acercó a la boca- Bebe, te ayudará a descansar y mitigará el dolor. Si todo va bien, en unos meses estarás como nuevo. Lo peor son los huesos fracturados, que tardarán un tiempo en soldar.

¿A quién pertenecería aquella voz? No importaba. Para él era como música celestial, tenía una cadencia suave que hacía que sus palabras se convirtieran en una dulce nana que le llevaba hacia un profundo sueño. Un sueño que no tardó en volverse tormentoso. Un sueño en el que el horizonte se teñía de rojo. Un sueño en el que él podría planear su venganza.

---------------------

PRECUELA

PALABRAS: gaélico, remanso, encaje, gato, luna, parecer, desacuerdo, desquiciar, dedal.


Fuego. El fuego le estaba quemando, le formaba ampollas en la piel. Oía sus risas mientras acercaban las antorchas a la parte posterior de sus muslos. Percibía el olor nauseabundo del vello al quemarse. ¿Es que no pensaban parar jamás?

Todo había comenzado esa mañana, cuando encabezando al grupo de guerreros de los McIntyre, atacaron a las hordas vikingas que estaban asolando las aldeas del extremo norte de las tierras del clan. Habían sido sigilosos, cautos. Habían avanzado despacio para no advertir al enemigo de su presencia. Les espiaron agazapados entre los arbustos.

No eran más de cincuenta: estaban reuniendo el escaso botín del que lograron apoderarse. Aquella era una aldea pobre, habitada por pescadores. Sin embargo, lo que no pudieron recaudar en oro, lo cobraron en sangre. Los cuerpos mutilados de los aldeanos se diseminaban por todo el perímetro del pueblo: hombres, mujeres y niños. Nadie escapó a su barbarie.

Un grito desgarrador hendió el aire. Un grupo de vikingos llevaban a rastras a un hombre. Los demás se pusieron en círculo alrededor de ellos y comenzaron a rugir y a golpear los escudos con las espadas. El espectáculo era horroroso. Lanzaban al pobre infeliz de un lado a otro: dándole golpes, produciéndole cortes con los cuchillos...

Era el momento que estaban buscando. Dio la señal para lanzase sobre ellos y así cogerles por sorpresa. Corrían ladera abajo con las armas preparadas, cuando el círculo se abrió y vieron que habían ensartado al hombre con un par de espadas, clavándole al suelo. Uno de los bárbaros estaba despedazándole con su hacha de doble filo. La sangre salpicaba los rostros y vestimentas de aquellos salvajes. Echaron la cabeza hacia atrás y elevaron los brazos al cielo.

- ¡Oooodíííííín, Oooodííííín! –rugían.

El vikingo del hacha fue el primero en verlos, con un grito de júbilo avanzó hacia ellos balanceando el arma por encima de su cabeza y exhortando a los demás para que se preparasen para combatir. ¡Había llegado el momento!

- ¡Vamos, hijos del clan McIntyre! ¡Acabemos con esos demonios!

Pero los muy desgraciados no le siguieron. Se habían parado horrorizados ante tal despliegue de bestialidad y crueldad y ahora corrían ladera arriba alejándose de la inminente lucha. Estaba solo. Solo para enfrentarse a aquellos hijos de Satanás, sin esperanza alguna de salir victorioso.

Le rodearon igual que habían hecho con el aldeano. Pero no le atacaron de la misma manera. Hablaban entre ellos, se gritaban unos a otros y reían señalándole, convirtiéndole en el blanco de sus burlas. ¡Ojalá hubiera entendido algo de lo que decían! Pero no hablaban en gaélico, utilizaban un lenguaje gutural más parecido al sonido de los animales que a cualquier lengua humana. Sus gritos y el ruido de las espadas al golpear los escudos era ensordecedor. De pronto, uno de ellos atacó. Pudo parar el golpe de su espada con el escudo. Lanzó un mandoble casi a ciegas esperando encontrar carne que cercenar, pero el guerrero ya se había echado hacia atrás. Otro golpe le sobrevino por la espalda, pero esa vez no pudo hacer nada para detenerlo. Casi esperaba ver asomar el acero por su pecho cuando se dio cuenta de que el golpe se lo habían dado con el plano de la hoja. No querían acabar tan pronto. Después un empujón. Un dolor lacerante le recorrió el costado derecho. Había empezado el suplicio. Tenían los cuchillos preparados para infligirle heridas, que aunque no fueran graves sí hacían que sus fuerzas mermaran. Consiguió revolverse y traspasar a uno de aquellos bárbaros. Un rugido de aprobación escapó de sus gargantas. La sangre les excitaba. No importaba de quién fuera. Otro ataque por la derecha, se agachó justo a tiempo para esquivar el hacha y con la inercia giró y asestó un golpe que amputó una pierna a la altura de la rodilla. No tuvo tiempo de ver a quién había abatido cuando ya estaba siendo atacado desde el otro flanco. Los embates se volvieron más seguidos y los golpes alcanzaban su cuerpo una y otra vez: un mazazo en el hombro izquierdo, una cuchillada en el muslo, otra en el antebrazo... Él seguía atacando a todo lo que se movía, pero no podía hacer más. Un relámpago estalló en su cabeza y la visión se le tornó borrosa. Les veía acercarse con sus facciones deformadas por la euforia y la sed de sangre. Un hacha se elevó y descendió. La oscuridad le engulló. Un remanso de paz se apoderó de su cuerpo. El sufrimiento cesó.

Las risas y el estruendo de una gran juerga se filtraron en su mente. Estaba aturdido, los pensamientos y los recuerdos volvían a su mente entrelazados como el más complicado encaje. Imágenes sueltas y frases aisladas le iban dando una idea de lo que había sucedido.

- ¡Despiértale!

Le arrojaron un balde de agua a la cara para despejarle. El jefe de los vikingos estaba sentado en una roca con un cuerno de cerveza en la mano. Se levantó y le agarró del cabello echando su cabeza hacia atrás. Le miró a los ojos y una lenta sonrisa fue creciendo en su cara. Su mirada recordaba a la de un gato acechando a su presa. Le habían atado a una enorme rueda de madera, con las extremidades en cruz y dándoles la espalda. Le dolía todo el cuerpo, la pérdida de sangre le había debilitado tanto que si no fuera por las cuerdas que lo tenían sujeto, habría caído de bruces.

La luna ya había hecho su aparición. Ahora todas aquellas bestias estaban ebrias y se peleaban entre ellas. El jefe se reunió con dos de sus hombres y hablaban y gesticulaban, volviendo la vista hacia él. Al parecer tenían algún desacuerdo, y casi seguro se trataba de su futuro más inmediato.

Cogieron un barril y lo pusieron boca arriba. Dos de ellos se enzarzaron en una lucha por ver quién tumbaba antes el brazo del contrario. Los demás les jaleaban y animaban. El ganador se puso de pie y rugió al cielo. Se acercó a él con un cinto de cuero en la mano. Se volvió hacia sus compañeros, que levantaron sus cuernos gritando “Odííííín, Odíííííín”

Uno...dos...tres... el muy cabrón le estaba golpeando con el cinto en la espalda, pero siempre en las zonas que ya habían sido heridas con anterioridad. Seis...siete...

- ¡Para! No queremos que acabe tan pronto.

Compitieron otra vez. Esta vez el vencedor no le infligió heridas nuevas, sino que le restregó una ortiga por las que ya estaban abiertas. El suplicio fue atroz, el escozor llenaba su cuerpo de calor. La sangre que fluía de las llagas y laceraciones parecía lava que abrasaba su piel. Estaban jugando con él y su reto era desquiciar su mente y atormentar su cuerpo.

Le dieron de beber, si es que se le puede llamar beber a la cantidad de cerveza que dejaron caer en su garganta. No llegaría tan siquiera al contenido de un dedal.

Otra competición, esa vez esperaba que la inconsciencia le atrapara, pero los dioses no estaban de su parte esa noche.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Miér Ene 20, 2010 2:15 am

ESCENA 5

PALABRAS: alberca, libélula, vértigo, excesos, extraños, carcajada, asiático, cansino, estocada y sudor.


¡Dios mío, qué vértigo! Si no fuera porque me estoy empezando a poner verde y si me muevo, seguro que vomito hasta el hígado, le iba yo a decir un par de cositas a mi queridísimo novio.

Nunca más. Ya se puede poner de rodillas y arrastrase como un gusano que jamás volveré a dejar que me convenza para acompañarle en otra de sus escapadas "campestres". Por su culpa estoy ahora así: "Sube mujer, ya verás que vistas. ¡Y las sensaciones!, en tu vida volverás a sentir nada como cuando llegues a la cima" me dijo el muy desgraciado. Y tenía razón, ya estaba muerta de agotamiento y apunto de soltarme de los arneses de sujeción para dejarme caer hasta el suelo, cuando por fin llegué a la cumbre. Nunca me había sentido tan aliviada, hasta que vi lo que era la cima. ¡Imposible! pensé, aquella maldita montaña terminaba en un pico, y digo "pico" en sentido literal. No tendría una superficie de más de metro y medio cuadrado. Y claro, a mil metros de altura, metro y medio parece menos que nada. Así que aquí estoy, tumbada boca abajo con los brazos y piernas extendidos en forma de "x" agarrándome desesperada a la roca, cual garrapata a la piel de un perro.

- Vamos Tere, relájate. Tenemos que bajar -me dijo Alex
- ¡Y un cuerno!, yo de aquí no me muevo - sólo de pensar en que tenía que soltar alguna de mis extremidades, una serie de escalofríos me recorrió todo el cuerpo.
- Venga mujer, dentro de un par de horas empezará a oscurecer y necesitamos el tiempo para descender la montaña.
- ¡Qué no!, te juro que si intento mover aunque sólo sea un pelo, será lo último que haga antes de caer al vacío.
- Por favor.... confía en mí. Yo no dejaré que te caigas.
- Ja, por confiar en ti es por lo que me encuentro en esta situación. Así que óyeme bien, no...voy...a...moverme. Métetelo bien en tu dura cabeza.
- Ya claro, entonces piensas pasar la noche aquí, ¿no?.
- Mira, tú me metiste en esto y tú me vas a sacar. ¿Cómo? No tengo ni idea, pero será mejor que vayas pensando en algo. Eso sí, no esperes que colabore, ni por todo el oro del mundo me acercaré al borde de esta....de esta.... PIEDRA.
- Tere...
- Mira, tengo todo el cuerpo empapado en sudor, debido a la tensión. La verdad es que me da pánico pensar que se pueda hacer de noche y que todavía estemos aquí, pero.... te juro que no puedo soltarme -gemí desesperada.
- Está bien, haremos una cosa. Llamaremos por teléfono a los de Salvamento, pero mientras intenta relajarte. - cogió el móvil de la riñonera y se puso a moverlo de un lado a otro.
- Vaya, no tiene cobertura. Bajaré un poco e intentaré llamar. Quédate aquí y no te muevas.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo qué me pierda explorando los alrededores?-le dije con ironía- Por supuesto que no voy a moverme.

"Bueno Tere, piensa en algo bonito y agradable". Una sonrisa curvó mis labios y una carcajada pugnó por salir de mi boca. Pero todavía no estaba relajada como para tanto. Ya que iba a tener que estar allí hasta que me fueran a buscar, me entretendría recordando el momento más embarazoso de la vida de Alex. Sí, me lo tomaría como un pequeño resarcimiento por el mal rato que me estaba haciendo pasar.

Habíamos quedado toda la pandilla en casa de Iñigo, para celebrar el cumpleaños de Ana, su novia. Teníamos las mesas con las bebidas y la comida puestas en el jardín. Como estábamos en verano y el calor era sofocante, todos llevábamos puestos los trajes de baño, y así, en cualquier momento nos podríamos dar un chapuzón en la alberca. Alex siempre fue un poco remilgado, y le costaba horrores divertirse como cualquier chico normal. Para él el concepto de diversión era hacer puenting, barranquing, rafting, escalada, etc... pero no le encontraba nada de divertido a pasar un rato con los amigos bebiendo, bailando y tomándonos el pelo unos a otros. Por eso decidimos gastarle una pequeña broma.

Alex nunca bebía alcohol, lo más fuerte que había probado en su vida había sido un bitterkas, pero ese día nos las ingeniamos para echarle un poco de vodka en su Seven Up. Ni se enteró el pobre. Como la treta dio resultado, al final, mi amorcito, se acabó bimbando media botellita del licor ruso entre refresco y refresco. Jajajaja, la verdad es que no tardó nada en empezar a hacer gestos y movimientos extraños. Parecía una atracción de feria: dando volteretas, haciendo el chimpancé e incluso imitando al padre de Iñigo, un hombre de carácter fuerte chapado a la antigua.

Al cabo de una hora, lo que al principio nos pareció gracioso, se fue tornando en algo cansino. Su comportamiento había llegado a un momento de desfase casi inaguantable. La gota que colmó el vaso fue cuando se bajó el bañador y se puso a mear en el agua de la piscina, haciendo que el chorro de orina dibujara ochos en la superficie del agua.

- Yuuuuuuuhuuuuuuu, mira lo que hago Tere -me dijo como si estuviera realizando una gran hazaña.
- Bueno, ya vale, Alex. Súbete el bañador y deja de hacer el ganso -le dije enfadada. El puso carita de cordero degollado, pero hizo lo que le ordené.

De pronto, se puso a chillar como un loco y a correr de un lado para otro gritando:

- Ayyyyyyyyyyyy, ¡quitármela, quitármela!.
- Joer, lo que hace el exceso de alcohol -dijo Ana- cualquiera diría que un tío más aburrido que un discurso de Fraga se comportaría de esta forma por un poquito de vodka.
- Aaaaaaahhhhhhhhh, ¡que me muerde, seguro que me muerde! -seguía vociferando mi novio.

Al final ya cansados del espectáculo, Iñigo y Lucas decidieron abalanzarse sobre él para que se estuviera quieto. Pero nada, se retorcía y chillaba como un poseso. Justo cuando pensábamos que tendríamos que darle un golpe para que se calmara escuchamos un leve zumbido.

- ¿Oís eso? -preguntó Lucas
- Sí, pero yo no veo ninguna mosca –dije.
- ¡Ostras! jajajajajja -Ana se había dejado caer en la hamaca muerta de risa mientras señalaba el bañador de Alex.

Todos miramos en aquella dirección y nos quedamos con la boca abierta, parecía que el miembro de mi novio tuviera el baile de San Vito, y entonces, caímos en el detalle. El zumbido provenía del interior de su bañador. Se lo bajamos y no dábamos crédito a lo que salió de allí. Jajajajajajja.

¡Una libélula del tamaño de una mano! La pobre incauta debió de pasar volando en el momento que Alex se subió el bañador y sólo estaba buscando un lugar por donde salir. Increíble, todavía podía oír el zumbido de sus alas..... y ¡leches, con que fuerza sonaba!


- ¡Por favor, suéltese despacio y agárrese a la escalera!

¡Caray!, con razón escuchaba las alas de la libélula, tenía al helicóptero de rescate justo sobre mí, y con incredulidad me di cuenta de que ya era prácticamente de noche. Alex me hacía señas desde arriba para que obedeciera y me sujetara a la escalerilla. Me puse de pie y agarrándome con fuerza me izaron hasta que estuve completamente dentro del aparato.

Todos me miraban con una sonrisilla socarrona, como diciendo: ¡Mujeres!, siempre metiéndose en problemas y creando dificultades. Cuando ya creía que no podía ser más grande mi humillación....zas....la estocada final.

- ¿Sabes Tere?, llevamos un cuarto de hora observándote desde el aire. Nos preguntábamos cuanto tiempo tendría que pasar hasta que tuvieras el coraje suficiente de hacer lo que te pedíamos. Mujer...que sólo tenías que sujetarte a la escalera. -me dijo Alex, y las risillas de los demás hicieron que me dieran ganas de saltar, para escapar de la humillación.- Venga cariño, no pasa nada. La próxima vez nos iremos a algún monte en el continente asiático, ya verás como te gustará más.

- Por encima de mi cadáver.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Miér Ene 20, 2010 2:23 am

ESCENA 6

PALABRAS: hippy, concebir, quejarse, platino, época, imagen, normal, anudar, matorral, plaza.


Cada mañana Aurora se levantaba con el alba. Mientras dejaba el cazo de la leche al fuego para que hirviera, le daba de comer a los gatos, más o menos una docena, que todas las mañanas se acercaban hasta la puerta de su casa para recibir su ración de alimentos.

Después de desayunar, limpiaba la cocina, hacía su cama y se sentaba en el sofá a ver su programa favorito, Saber Vivir. No es que le interesara el contenido del mismo, porque a sus ochenta años ya había vivido mucho y no siempre bien, por lo que no pensaba privarse de nada a estas alturas de su vida, ni siquiera para cuidar su diabetes ni su hipertensión. Total, de algo tenía que morirse. Lo que la tenía pegada al televisor era el presentador, Manuel Torre Iglesias, que como ella decía: No hay nada mejor para comenzar el día que recrearse la vista con un chico guapo.

A eso de las once y media de la mañana bajaba a buscar el pan y unos bollos de leche. Como no tenía nada que hacer hasta la una que venía el voluntario de la Cruz Roja a traerle la comida, daba un paseo por la alameda dándole de comer a las palomas. Compraba su cupón de la ONCE y regresaba a casa.

-Otra vez de picos pardos por ahí, ¡eh! Desde luego Usted, no tiene ninguna consideración por mi estado de salud. Sabe que me pongo muy nervioso si estoy más de diez minutos llamando al timbre sin obtener respuesta. –le regañó Eduardo al tiempo que le guiñaba un ojo.
-Pues tú deberías tener un poco más de respeto por tus mayores. Es el colmo que a mi edad venga un mocoso de veinte años a decirme lo que tengo que hacer. –le miró enfurruñada- ¿Me traes la comida? Espero que esta vez sea un menú digno de una reina porque si no te quedarás sin tus bollos de leche.
-Me parece que hoy le han preparado merluza en salsa verde, Doña Aurora. Ya verá, se va a chupar los dedos. Ande, deme la llave que hoy le voy a hacer de mayordomo.

Aurora estaba sentada a la mesa del comedor mientras veía como Eduardo iba preparando las cosas. Una sonrisa bobalicona curvaba sus labios. El chico no tenía ni idea de lo mucho que necesitaba y le alegraba su compañía. Cuando hace dos años apareció en su puerta; con su pelo largo al estilo hippy, sus vaqueros ajustados, sus tatuajes y sus modales barriobajeros, para cumplir con el Servicio Social Sustitutorio en compensación por haberse negado a hacer el Servicio Militar, estuvo a punto de llamar a la Cruz Roja para pedir que le cambiaran de asistente. Pero a medida que iba tratando con él le fue cogiendo cariño, hasta considerarlo como su nieto. Ella no había tenido la suerte de concebir mientras estuvo casada, por eso ahora él representaba toda su familia.

-Bueno, ya está. ¿Tiene buen aspecto o no?

Eduardo le había puesto un mantelillo de hilo beige con una servilleta a juego debajo del plato. Se había esforzado para que la presentación de la comida resultara apetitosa. Pero el servicio de catering de la Cruz Roja le preparaba los menús atendiendo a las instrucciones del médico, lo que en opinión de Aurora era un desperdicio de comida, ya que no importaba lo finolis que fueran escogiendo las recetas porque las estropeaban todas al no echarles, ni sal, ni aceite. Menos mal que ella tenía un salero guardado en su bolsillo, y mientras Eduardo se entretenía viendo la tele ella se las ingeniaba para echarle unas arenitas de sal a la comida.

-Sí, excelente. Lástima que su sabor sea inversamente proporcional a su aspecto. –dijo con resignación.
-Venga, deje de quejarse. Si se lo come todo luego jugaremos a las cartas. He traído una baraja. Quiero echarle la revancha al tute, todavía no entiendo como me ganó la última vez.
-Porque uso esto. –le dijo dándose golpecitos con los dedos en la sien.
-Ya me parecía a mí que se le había puesto a Usted el pelo blanco de tanto pensar. Hágame caso, no lo vuelva a hacer. Darle mucho al coco es perjudicial para la salud.
-Yo no tengo el pelo blanco, así lo tienen los viejos. El mío es de color platino.
-Jajajajaja, platino entonces. Anda que no es Usted coqueta ni nada. Seguro que en su época debió de ser una mujercita de lo más tiquis-miquis y remilgada.
-Pues que sepas muchachito, que era una joven muy guapa y agradable. Vamos, tenía tantos pretendientes que mi padre hacía prácticas de tiro con ellos. Decía que así se ahorraba tener que soportar unas cuantas pedidas de mano. – dijo mientras se llevaba un trozo de merluza a la boca- Está asqueroso. Debería anular este servicio, porque a este paso van a mandarme a la tumba debido a la bazofia que me traes.
-Ya veo que hoy tampoco es de su agrado. Bueno, pues entonces yo voy a ir al servicio, así Usted puede sacarse el salero que lleva escondido en el bolsillo y adulterar todo lo quiera el menú. –Aurora se le quedó mirando con la boca abierta- Pensaba que no me había dado cuenta, ¿eh? Pues sepa que cuando cree que estoy mirando la televisión lo que estoy haciendo es observar el reflejo de su imagen en la pantalla.
-Es de muy mala educación espiar a la gente –le dijo con un tono bastante pedante- debería darte vergüenza.
-Vergüenza debería darle a Usted saltarse a la torera las recomendaciones del médico. Pero veo normal que lo haga, porque sabe - se acercó a ella y le susurró con tono confidencial- el otro día mientras le ponía la comida en el plato, probé un poquito y, de verdad, que es incomible.
-Eres un chico muy malo, pero ya me las pagarás luego cuando te desplume con los naipes.

Eduardo se marchó a las tres como siempre, después de dejar a Aurora durmiendo la siesta. Al cabo de una hora cuando despertó, Aurora se arregló, metió su labor de ganchillo en el bolso y salió a la calle para realizar su ritual de cada tarde. Iría a ver a los niños.

Había un sol radiante y el parque estaba lleno de madres con sus hijos. Desde hacía diez años, Aurora se sentaba todos los días en el mismo banco para ver jugar a los chiquillos. ¡Le encantaban los críos! Cuanto le hubiera gustado ser como una de aquellas mujeres. Ojalá hubiera tenido un niño al que mimar, al que llevar al colegio, al que enseñarle a anudar los cordones de los zapatos, al que poner a hacer pis detrás de algún matorral, en definitiva, un niño al que querer. Pero no había sido así.

De repente una pelota cruzó el aire yendo a caer junto a sus pies, detrás iba un niño de unos cinco años.

-Por favor, ¿me da la pelota? –le dijo tímidamente.
-Claro corazón, y si quieres también te daré un globo y un caramelo. –el niño miraba embobado como Aurora sacaba las chuches del bolso y se las daba –Toma, por ser un niño tan lindo.
-Gracias –le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, y se marchó dándole patadas al balón.

El reloj de la plaza dio las siete. Aurora se levantó del banco, echó un último vistazo a los columpios donde jugaban los niños y se marchó a casa. Mañana sería otro día.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Miér Ene 20, 2010 2:31 am

ESCENA 7

PALABRAS: droga, compromiso, esperanza, gárgola, claraboya, talón, perdición, tórrido, cúspide, holgura.


Si el tiempo seguía así, Geni iba a terminar cual chicharrón en una sartén. Churruscadita, vamos. La brisa brillaba por su ausencia, el sol caía a plomo y el ambiente tórrido de la oficina la estaba agobiando.

Decidió salir a la escalera, pero fue peor el remedio que la enfermedad. La claraboya que había en el techo, hecha de metacrilato, producía el típico efecto invernadero, convirtiendo el rellano en una especie de crematorio. Era tal el calor, que aún no habían pasado ni dos minutos, y ya sentía como la piel se le estaba poniendo roja. El sudor le caía por las sienes a chorros, humedecía su camiseta de licra haciendo que se le pegara a la espalda como una segunda piel. ¡Cómo si tuviera necesidad de otra!

Regresó a su puesto de trabajo, pero no conseguía concentrarse. El bochorno era inaguantable. Las yemas de sus dedos parecían babosas, resbalaban sobre las teclas del ordenador dejando una fina capa de humedad, que le dificultaba la tarea de teclear. ¡Ya estaba harta de tener que escribir las cosas dos veces para corregir las letras que se le colaban al pulsar más de una tecla al mismo tiempo! "Sólo cinco minutos -pensó con desesperación- cinco minutos y podré salir de este horno".

Para asarse en la calle.

Escrutó con ansiedad la Gran Vía, hacia arriba y hacia abajo, hacia la izquierda y hacia la derecha. Ni una triste sombra. Una mosca cayó a sus pies moviendo las alas en un intento de remontar el vuelo, pero estaba exhausta, así que Geni dio un paso hacia el frente y, sintiéndose generosa con el mundo, acabó con su sufrimiento. Pero después de haber avanzado veinte metros rezó para que alguien acabara con el suyo. Tenía la lengua seca y pastosa, y el agua de la botella que acababa de sacar de la máquina de su oficina se había recalentado tanto, que beberla era como si una lengua de lava descendiera por su garganta. Su esperanza era llegar cuanto antes al aparcamiento, meterse en el coche y conectar el climatizador. Sí... un pequeño paraíso dentro del infierno en que se había convertido el mundo en las últimas cuarenta y ocho horas.

- Hola Jaime, ¿cómo se ha portado mi "golfo"?
- Estupendamente, como siempre. -le respondió divertido el vigilante del aparcamiento.
- Hasta mañana entonces.
- Chao

Se subió al coche, se colocó el cinto de seguridad, programó el climatizador para que alcanzara una temperatura de 16 grados y arrancó. Le encantaba su coche. Visto desde fuera parecía una tartana, debido a las numerosas abolladuras y a los rayazos que le había hecho un cabrón con cara de gárgola, en represalia por un supuesto golpe que ella le había dado a su coche. Era mentira, pero ya se vengaría. Encendió la radio y dudó entre los seis Cd´s que llevaba en el cargador. Al final se decidió por el de Marea. Calculó que tardaría unos cuarenta minutos en llegar a Cangas, donde tenía un compromiso que atender antes de poder irse a la playa, a remojarse un poco en la fría agua del mar. Imaginó que las gotas saladas le mojaban la cara, la espalda, las manos.... que le resbalaban por el rostro goteándole por la barbilla. Pero inexplicablemente no mitigaban su sensación de calor. Al contrario, parecía que se estuviera bañando en caldo.

Con estupefacción se dio cuenta de que la humedad que sentía en la cara era sudor. ¡Maldita sea! No le funcionaba el climatizador. Desde luego parecía que le había visto un tuerto. Abrió la ventanilla, y al hacerlo empezó el enervante cliqueo que producía el cristal, debido a una holgura en la junta.

¡Media hora! Todavía le faltaba media hora para llegar a su destino. Se preguntó qué droga se había metido Dios para permitir que el Demonio abriera las puertas de su morada y compartiera un poco de su escaldada existencia con los pobres inocentes que poblaban la tierra. No le importaba, sólo esperaba que el efecto le durara poco. Su resistencia estaba llegando a la cúspide. Ya no aguantaba más, cuando a lo lejos divisó una caseta, "gracias, gracias". Era un puesto de helados. Aparcó delante y bajó del coche.

- Hola, me da un cucurucho de nata y fresa, por favor.
- Por supuesto. Un euro con veinte.
- Gracias
- A usted.

Iba tan distraída saboreando el helado que no se percató de que el borde de la acera estaba roto. Normal, esos malditos cornetes eran su perdición. Cuando estaba comiendo alguno se perdía en un mar de sensaciones: la combinación exquisita de los dos sabores, el tacto cremoso del helado al derretirse en su lengua.... y claro, cuando se quiso dar cuenta su talón ya había resbalado hacia un lado sobre la húmeda suela de su sandalia. Perdió el equilibrio y cayó cuan larga era al arcén.

- Señorita, ¿está bien? -le preguntó el heladero.

Geni levantó la cara, un trozo de nata se desprendió de la bola que tenía pegada en la frente, como consecuencia de haber estampado el cucurucho en su cabeza durante la caída. Miró con disgusto al individuo, que pese a su esfuerzo por contenerse, no podía dejar de reírse a carcajadas.

- Sí, estoy bien. Pero ¡qué mierda de día!

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Miér Ene 20, 2010 6:58 pm

ESCENA 8

PALABRAS: nudista, paciencia, vecino, asfixia, fresa, corazón, tiburón, caricatura, frenillo, rizo.


Después del tropezón delante de la caseta de helados, Geni, llamó para cancelar la cita que tenía para esa tarde. No le apetecía nada recorrer comercios con su amiga.

Llegó a la playa sobre las cuatro y aparcó el coche debajo de un pino. Con la suerte que tenía igual le caían encima todas las piñas del mismo, pero una abolladura más una abolladura menos no se iba a notar, y por lo menos estaría a la sombra. Se quitó la ropa, se envolvió en un fino pareo de gasa, cogió la toalla y el bronceador y descendió por el sendero que bajaba hasta el arenal.

- ¡Me cago en mis muertos! Pues menos mal que es una playa nudista y no suele haber gente, que si llego a ir a una normal, ya me veo como los del anuncio de la ONCE para buscar sitio. -rezongó.

Suspiró con resignación, se armó de paciencia y se puso a buscar un hueco donde poder estirar la toalla. Llevaba un buen rato sorteando mochilas, gente tomando el sol y personas jugando a las palas cuando, a lo lejos, en unas rocas vio a Pablo, su vecino.

- ¡Eyyyyy!- le gritó, mientras le hacía señas con las manos.

- ¡Ostras! ¿Qué haces aquí? Pensé que ibas a ir con Irma de compras. -le preguntó Pablo en cuanto llegó junto a él.
- Sí, pero cambié de opinión. Con el calor que hace paso de encerrarme en una tienda, seguro que a los cinco minutos me habría muerto de asfixia.
- Jajajaja -arrugó la nariz y olisqueó el aire- ¡Apestas a fresa!
- Ya, es que me unté de helado antes de venir. -contrariada le relató el suceso.
- No, si lo tuyo es de juzgado de guardia. Tiene razón Julio cuando dice que te tiras en cualquier sitio con tal de que haya público para presenciarlo.
- Ja, ja y ja. Mira tú que gracioso. Yo no me tiro, simplemente tengo problemas para mantener el equilibrio. ¿Qué tal está el agua?
- Muy buena.
- Pues entonces voy a darme un chapuzón y enseguida vuelvo.

Geni se sacó el pareo y se fue al agua. Como siempre, echó a correr y se lanzó de cabeza, sin siquiera probar la temperatura del mar.

- Aaaaaaaahhhhhhhh. ¡Serás desgraciado! - le espetó a Pablo, que estaba desternillándose de risa.- ¡Está congelada!

Ya no se acordaba de lo mal que se pasaba al meterse de golpe en el agua tan fría. Era igual que la otra vez, cuando se tiró de cabeza al río en El Rosal, durante una acampada en Semana Santa. El dolor le iba bajando lentamente desde la raíz del pelo hasta la planta de los pies. Si no fuera una chica fuerte, seguro que le hubiera dado un ataque al corazón. Pero al igual que aquel día, volvió a echarse al mar. Total, ya tenía el cuerpo anestesiado y no notaba el frío. Según su marido era como un pez, hasta le parecía raro que no le hubieran salido branquias. Si la dejaban podía pasarse horas a remojo: nadando, buceando, haciendo el pino, etc...

- ¿Quieres las gafas y el tubo? -le preguntó Pablo
- No gracias, ya sabes que soy incapaz de usar eso.

La verdad es que las gafas aún las podía utilizar, pero el tubo....... La culpa la tenía la televisión, que todos los años, cuando llegaba el calorcito y era tiempo de playa. Zas, te ponían la película Tiburón,y por si no te había coincidido verla, también te echaban todas sus secuelas: Tiburón 2, Tiburón 3, La venganza del tiburón y alguna más que no pertenecía a la saga, pero que también estaba protagonizada por escualos. Y claro, ¿cuál era el sonido que siempre, siempre acompañaba a la aparición del Gran Blanco y sus fauces de dientes afilados? Pues sí, precisamente ése, el mismo que haces cuando estás buceando con gafas y tubo. Brrrrrwwwwww, escalofríos le daban tan sólo con pensarlo.

Desde el agua echó una visual a la gente que estaba en la playa. La verdad es que podía ser una playa nudista, pero los especímenes que se encontraban en ella no eran nada del otro mundo. Es más, la apariencia de algunos era como para echar a correr. Dónde quedaban aquellos tiempos, en los que una era joven e ingenua, y pensaba que este tipo de playas estaba plagada de tiarrones con cuerpos de infarto. ¡Qué chasco, por dios! Todo lo que había eran hombres que se parecían más a la caricatura que de ellos se hacía en la tira cómica del periódico: "O Bichero: fauna veraniega", que a la imagen esplendorosa que Geni tenía en la cabeza.

Salió del agua y se tumbó en la toalla. Pablo estaba boca abajo, un rizo le caía por delante de los ojos. Éste sí que tenía un buen cuerpo cuando era más joven, lástima que los años no pasen en balde.

- ¡Ayyyyyy! - el muy parvo estaba jugando con un clip, pasándoselo de un lado a otro de la boca y se le había enganchado en el frenillo de la lengua.
- Te está bien, como dice el dicho "quién la hace la paga”.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Miér Ene 20, 2010 7:04 pm

ESCENA 9

PALABRAS: viento, perfecto, pilar, enemigo, condena, alivio, cáscara, consternación, calcetín, eunuco.


- Bueno, está visto que no se puede tener todo en esta vida.

Era una tarde soleada del mes de mayo. Yo estaba sentada en un banco en la Plaza de la Miñoca, a la sombra de uno de aquellos minúsculos arbolitos que habían plantado. Bueno en realidad sentada no estaba y a la sombra tampoco. Hacía viento. No mucho. Pero el suficiente para que las delgadas ramas del árbol no se estuvieran quietas y tuviera que balancearme sobre el asiento de madera al ritmo de aquéllas. Y evitar así, que el sol pigmentara mi piel con los tonos y colores de un cangrejito de río.

¡Qué aburrimiento! Llevaba casi una hora esperando. Desde luego la Sra. Luisa se lo estaba tomando con calma. Seguro que otra vez se había quedado pegada al televisor admirando los pectorales de Mario Cimarro, el protagonista de la telenovela El Cuerpo del Deseo. ¡Qué morro! ¡Y qué desconsideración! Pero ¡qué va! Nunca más le volvería a hacer un favor a esa mujer. ¡Por mí ya se podía ir de peregrinación a Lourdes para que le concediera el milagrito, que yo, ya no la acompañaría más a ver a su hijo!

En el instante en que me disponía a abandonar la plaza...¡ooooohhhhhh! mis ojos avistaron a un Adonis de metro noventa: con el pelo largo y negro, torso musculoso, bronceado y con un minúsculo pantalón de deporte que marcaba a la perfección su trasero y mostraba en casi su totalidad unas piernas dignas de un dios del Olimpo. Me volví a sentar en el banco, y esa vez me importó un comino si el sol me daba en la cara o no. Simplemente me limité a seguir todos sus movimientos, admirando la forma en que sus músculos se contraían y relajaban mientras ejecutaba unos ejercicios de gimnasia.

Se paró en una fuente a beber y unas gotas del refrescante líquido resbalaron desde su barbilla, deslizándose con lentitud por su garganta y perdiéndose bajo el cuello de su ajustada camiseta. Ainnnnnnnsssss ¡quién fuera agua, para recorrer así su cuerpo perfecto!

Continuó con su entrenamiento. Ahora apoyaba el pie en un pilar de los soportales que rodeaban la plaza y flexionaba y estiraba la pierna haciendo que se le marcara cada músculo y cada tendón. Inició una carrera en zig-zag por entre las columnas. De cuando en cuando se paraba y realizaba unos movimientos de boxeo, lanzando golpes al aire y esquivando los embates de un enemigo imaginario.

Yo mientras, me entretenía comiendo pipas, sin perder detalle. ¡Menuda condena era estar allí sentada, observando aquel despliegue de masculinidad y no poder ponerle las manos encima! Con alivio me di cuenta de que el viento había cesado, permitiendo que el árbol me cobijara de los rayos solares. ¡Y menos mal! porque entre el calor del sol y el que me estaba creciendo por dentro, estaba al borde de la lipotimia.

¡Oooooooohhhhhhh, lo que faltaba! El Adonis estaba haciendo unos "springs", y sin darse cuenta se fue acercando a unos arbustos todavía sin podar. En medio de la veloz carrera su pantalón se enganchó en una de las ramas que sobresalía, haciendo que cedieran las costuras y que aquel pedazo de hombre se quedara tan expuesto como el día de su nacimiento. Escupí impresionada la cáscara de pipa que tenía en la boca. Él miraba estupefacto el pequeño pedazo de tela que todavía quedaba prendido a su cintura, pero al instante su expresión pasó de la incredulidad a la consternación.

¡Y no era para menos! Yo estuve a punto de gritar que aquello ¡era una estafa! Era como estar en una cafetería viendo pasar por delante de tu mesa, las tazas de un delicioso capuccino, y que cuando fueras a probar el tuyo te dieras cuenta de que te lo habían cambiado por un café de calcetín.

¡Por dios, qué desproporción! Un hombre tan magnífico debería estar dotado de un miembro acorde con el cuerpo al cual pertenecía. Pero en este caso era tan pequeño e insignificante que parecía un eunuco. Sus padres deberían tener en casa un libro de reclamaciones, donde se pudiera ir a protestar por semejante defecto de fabricación.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Jue Ene 21, 2010 12:45 pm

ESCENA 10

PALABRAS: invierno, pimienta, criollo, entorpecer, carreta, miedo, estela, mandoble, amago, acostumbrar.


Marzo. El invierno va quedando atrás y los primeros rayos de sol hacen su aparición. Es el momento en que la gente empieza a desentumecerse un poco y se mete en el trastero a buscar sus utensilios para ir de paseo al monte.

Cualquier familia que se precie debe estar equipada con su parrilla, su hamaca y sus múltiples fiambreras, cubiertos y demás loza de plástico para improvisar un banquete al aire libre. Por supuesto, nosotros no podíamos ser menos. ¡Hoy iríamos de churrascada!

Llegamos a la playa fluvial de A Lama a eso de las once de la mañana. El tiempo era inmejorable: sol y moscas. Escogimos una mesa a la sombra de un roble, estiramos el mantel y colocamos las bolsas con nuestras pertenencias debajo de los bancos de piedra. Todas menos la que llevaba la olla con las tiras de costilla en adobo, ésa la llevamos hasta uno de los asadores que había alineados junto a un muro.

- ¡Ahora a recoger leña, niños!

Como si fueran hormiguitas se pusieron a recolectar ramitas, hojas secas, piñas y todo lo que se pudiera utilizar para hacer brasas. Cuando ya teníamos un buen montón de leña les mandé a jugar. Mi marido se iba a encargar de distraerlos, llevándoles a dar unas vueltas en la piragua mientras yo preparaba la comida.

Junté las hojas secas y las piñas en el centro del asador, puse las ramitas por encima y le prendí fuego. Mientras el fuego iba consumiendo la leña, le di unas vueltas más a la carne para que el adobo la impregnara bien y le añadí una pizquita más de pimienta. Fui en busca de la parrilla, las pinzas para darle la vuelta a la costilla y a por una fuente para echar la carne una vez estuviera asada. Con la ayuda de un palo largo esparcí bien las brasas y coloque las tiras de churrasco en la parrilla junto con el chorizo criollo. ¡Qué calor desprendía aquello! La próxima vez, yo me iría a dar vueltas en la piragua y dejaría a Julio que se las apañara con la comida.

- ¡Aparta de ahí, carallo! ¡No ves que no me dejas pasar!

Miré de un lado a otro, pero allí no había nadie. Entonces me di cuenta de que el alboroto procedía de detrás del muro. Al ir a ver que pasaba, tropecé sin querer con la olla de la carne y me manché el pantalón con la salsa. No le di mayor importancia y me fui a curiosear un poco.

En la carretera había un coche atravesado y el dueño estaba vaciando el maletero con toda la calma del mundo. Daba la impresión de que lo había dejado allí expresamente para entorpecer el paso de los demás vehículos.

- ¡A ver! ¿Es que no me oyes? ¡Aparta de ahí!

Me acerqué un poco más y pude ver que al otro lado del coche había un señor llevando una carreta tirada por dos bueyes. Y claro, el vehículo no le dejaba espacio para pasar. Me aproximé otro poco hasta casi quedar a unos pasos de la carreta. De pronto un olor a quemado penetró en mis fosas nasales.

- ¡Mierda, el churrasco! -salí corriendo con miedo de no llegar a tiempo y que nos quedáramos sin comida.

Pero en mi huída no me percaté de que iba dejando una estela de olor a adobo, totalmente apetecible para las moscas que revoloteaban alrededor de los bueyes. Y claro está, las muy espabiladas debieron de pensar "¿por qué conformarnos con unos bichos apestosos que además no agradecen en nada nuestra ilustre compañía e intentan derribarnos con el rabo, pudiendo dar cuenta de esta exquisita e indefensa carne?". Y se lanzaron como moscas (nunca mejor dicho) sobre el asado.

- ¡Y un cuerno! -exclamé.

Cogí una espumadera y me enzarcé en una batalla campal con aquellos insectos. Un mandoble a la derecha, otro a la izquierda. Ahora me tocaba esquivar la acometida de una de aquellas bestias aladas. Hice el amago de retirarme hacia un lado y ataqué a aquel díptero con un golpe de revés a dos manos, que ni Arantxa Sánchez-Vicario en sus mejores tiempos. Pero, ¡la leche, aquellas moscas eran el cuerpo de élite de su especie! No había forma de acabar con ellas, llevaban una armadura dorada que brillaba a la luz del sol y que les permitía resistir los golpes de la espumadera como si tal cosa. Ahora cargaban todas contra mí, cual los siete jinetes del Apocalipsis. Abandoné la espumadera en la hierba, por inútil, y cogí dos platos de plástico.

Fijé mi mirada en uno de mis adversarios y utilicé los platos a modo de platillos de orquesta y... ¡Ohhhhh! al igual que aquellos, hicieron un sonido de lo más musical, pero en vez de ser un "clash" hicieron "crash". ¡Bien!, la primera baja en las filas enemigas. La adrenalina corría por mis venas con una fuerza pasmosa. Estaba tan excitada como un tiburón al oler la sangre y con unos movimientos al más puro estilo MATRIX di buena cuenta del resto de los insectos.

- ¡Bien! ¡Toma! ¡Para que os enteréis!
- Sí, para que nos enteremos ¿de qué?¿De qué tenemos que ir a comer de bar porque carbonizaste la carne? -la voz de mi marido me devolvió a la realidad.

Miré hacia el asador y casi me puse a llorar de la rabia. Al final ni para las moscas ni para nosotros. Las tiras de costilla estaban allí negras como chamizos. Inservibles.

- ¿Cuándo te vas a acostumbrar a centrarte en lo que estás haciendo? Es que siempre pasa igual, por “haches” o por “bes”, acabamos sin comida.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Jue Feb 11, 2010 2:52 pm

ESCENA 11

Palabras: energúmeno, presentación, argumento, virús, centinela, pantalón, fuente, cuerpo, saltar.



Entró en el salón gritando como un energúmeno.

- ¿Se puede saber quién me desconectó el ordenador?

Angel miraba fijamente a su hermano pequeño, que le devolvió la mirada con cara de inocente.

- Ahora no fui.

Esas tres palabras le desarmaron. Es cierto que aquel pequeñajo, a veces era como un grano en el culo, pero se le caía la baba con él. Se arrodilló delante de Roi y le dijo:

- Y ahora ¿qué voy a hacer, eh? Tenía ya casi terminado el discurso para la presentación de mi nueva tesis. No creo que me permitan demorarme más.
- Bueno Angel, siempre puedes explicarles la situación. -intervino su madre.
- Sí claro y con toda seguridad me responderán, "un argumento muy original, Sr. Freire. Lástima que no sirva como excusa". Aunque... también puedo decir que se me metió un virus en el ordenador y me fundió el disco duro...

Así pensando en esa excusa se dirigió a su habitación. Justo cuando estaba a punto se abandonar el salón se volvió hacia su madre.

- Te dejo aquí de centinela, procura que no se aproxime a mi cuarto en lo que resta de día.
- ¡Yo quero ir, yo quero ir! - Roi se había levantado y ahora saltaba alrededor de Angel.
- No, en mi habitación no hay nada para que tú juegues.
- Yo quero pintar, tú tenes pinturas.
- No Roi, si quieres te las traigo y pintas aquí. -el niño empezó a hacer pucheros y se le colgó del pantalón.
- Roi bueno, no pinto paredes, no pinto suelo, no pinto cama...
- No, hoy no puedes venir conmigo.
- Ziiii, yo quero.
- Anda, vamos Roi, deja a tu hermano y ven conmigo a merendar ya verás que cosas más ricas hay en la cocina.
- Beeeeen, yo quero Cao y colate.
- Primero la fruta.
- Vale, quero melón.

Angel los vio desaparecer por el pasillo y con un suspiro de alivio se marchó a su cuarto. Cerró la puerta con el pestillo, conectó el ordenador a la fuente de alimentación y se dispuso a redactar de nuevo su discurso.

Casi lo tenía acabado cuando oyó una pequeña explosión y se apagó la luz. El cuerpo se le puso rígido, ¡no podía ser que tuviera tan mala suerte! Salió de la habitación y fue a la cocina, donde estaba la caja con las clavijas de la electricidad. En mitad del camino oyó a su madre.

- ¡Roi, para haberte electrocutado! ¿Cuántas veces te he dicho que no se mete nada en los enchufes? Mira, hiciste saltar los plomos.
- Nunca te puedes estar quieto, ¿no?. -Angel echaba chispas por los ojos- Por tu culpa me voy a quedar sin diploma. ¿Cómo se te ocurre meter una aguja de calcetar en el enchufe?

Roi cambiaba la mirada de Angel a su madre y de ésta de nuevo a Angel.

- Ahora no fui.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Jue Feb 11, 2010 3:21 pm

ESCENA 12

Palabras: humo, azul, ángel, participar, neurona, fuego, perdido, sarcasmo, borrón, corona.


- ¡Me largo, que tengo una entrevista de trabajo!

Antía bajó corriendo las escaleras y salió a la calle. ¿Quién le mandaría a Mario fuchicarle en el reloj del salón? Ella lo tenía adelantado quince minutos a propósito. Ahora tendría que llamar a un taxi y rezar para que no encontrase tráfico.

Con su impecable traje de chaqueta, la blusa blanca, zapatos de medio tacón y un peinado a lo Grace Kelly esperaba causar una buena impresión a la persona que le hiciera la entrevista. Necesitaba ese trabajo con urgencia.

Llegó a la parada de taxis justo cuando arrancaba el último. ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Y ahora qué? Miró hacia ambos lados de la calle, por si había alguno circulando en la calzada... ¡Sííííí! un taxi libre venía en el carril de la izquierda, tendría que ingeniárselas para que la viera.

- ¡Eyyyyyy! -Antía se había tirado a la calzada agitando los brazos, pero el taxista no la vio y ya estaba pasando de largo- No, no, no. -metió los dedos índice y pulgar en la boca y dio un silbido, que sería la envidia de su hermano si la oyera.

El taxi paró y esperó a que pudiera cruzar, pero Antía ya estaba sorteando coches entre gritos e insultos a los conductores. Sabía que se estaba comportando como una loca, pero tenía el tiempo justo y no podía perder el tiempo con finuras y sutilezas.

- ¿Me lleva a las Traviesas, por favor?
- ¿A qué altura?
- Déjeme en el Centro Comercial.

Echó un vistazo disimulado al reloj del taxi. Sólo le quedaban diez minutos. Por suerte no tuvieron ningún contratiempo, hasta los semáforos parecían colaborar, porque los encontraron todos en verde.

- Ya llegamos, son 3,65.
- Tome y gracias.

Las oficinas de Infomac estaban en el tercer piso de la torre dos, justo encima del Centro Comercial Camelias.

- Buenas tardes, vengo para una entrevista. Tenía una cita a las cuatro.
- ¿Eres Antía Bragado? -le preguntó la recepcionista.
- Sí.
- Sígueme, por favor.

Avanzaron por el pasillo hasta llegar a un puerta doble de madera. La recepcionista le dijo que esperara en un sillón que había al lado de la puerta y desapareció tras ella. Salió al cabo de cinco minutos.

- Ya puedes pasar.
- Gracias.

Entró en un despacho decorado en tonos azules y marrones, muy masculino. El escritorio estaba situado al fondo, frente a la puerta. La pared de la derecha era una sucesión de ventanas que daban luminosidad a la estancia, haciéndola muy acogedora. La pared de la izquierda estaba cubierta por estanterías cargadas de libros.

- ¿Le gusta? -Antía se sobresaltó.

No se había dado cuenta de que su interlocutor estaba allí. Antes, cuando miró hacia la mesa pensó que estaba sola. El sillón estaba dado la vuelta y no había indicios de que alguien lo estuviera ocupando. Pero así era.

- Sí, es muy acogedor.
- Por favor, siéntese.
- Gracias.
- La señorita Antía Bragado, ¿verdad? -¿eran imaginaciones suyas o el hombre le había guiñado un ojo?
- Sí, soy yo.
- Bien, dígame Srta. Bragado ¿o puedo llamarla Antía? -ella asintió confundida por el tono "seductor" del hombre- ¿a qué se dedicaba antes de acudir a esta entrevista?
- Era secretaria de dirección en una empresa de Artes Gráficas.
- ¿Y por qué decidió cambiar de empleo? - el hombre sacó un puro de una cajita de caoba, lo olió, pasándolo lentamente bajo su nariz, sin dejar de mirarla- ¿Su jefe no la trataba bien? -cortó la punta del Habano y lo encendió.

El humo flotó por la estancia llenándola de un olor acre. Antía se había quedado de piedra. ¿Esto era una broma, no? No podía ser lo que estaba pensando. Aquel hombre seguro que no estaba coqueteando con ella, o sí. Lo miró atentamente. Nooo, no podía ser eso, si casi podía ser su abuelo. No, su abuelo no, su tatarabuelo, porque debía ser tan viejo como Matusalén. Estaba sentado en un sillón de cuero azul. Era de constitución gruesa, de estatura más bien pequeña y estaba tan arrugado, que mirarle le hacía recordar a esos perros que tienen una piel tan larga que se le forman pliegues por todo el cuerpo. Una pelusilla blanca rodeaba su cráneo brillante uniendo las dos orejas y unas gafas de montura de pasta negra sostenían unos cristales tan gruesos como el culo de una botella, delante de unos ojos marrones. No, seguro que se equivocaba.

- Yo podría ser muy generoso contigo, si tú te portaras bien conmigo.

Antía miraba de un lado a otro, ¿dónde se escondería la cámara?¿Detrás del cuadro del ángel ,quizás?¿O dentro de algún jarrón? Seguro que Mario le había preparado esta trampa para participar en algún programa de "Cámara Oculta". Pues se iba a enterar en cuanto llegara a casa. Le daría tal guantazo, que le dejaría inútil la única neurona sana que le quedaba.

- Entonces qué reina, ¿aceptas ser mi ayudante particular? -el fuego que desprendía la mirada del hombre no dejaba lugar a dudas.

¡Le estaba proponiendo que fuera su amante! Increíble, desde luego el pobre había perdido el juicio.

- Lo siento, si quisiera trajinar con momias, habría mandado el Currículum al Museo Británico. Gracias por su tiempo. -le dijo con sarcasmo.
- Espere mujer. Igual hemos empezado con mal pie. Hagamos borrón y cuenta nueva ¿qué le parece?- el hombre se había incorporado y la miraba suplicante.
- De ninguna manera, el trabajo ya no me interesa.

Salió del despacho con la dignidad de una reina y furiosa como no lo había estado jamás. Entró en el ascensor y en cuanto se cerraron las puertas dio rienda suelta a su rabia. ¿Por qué tenía tan mala suerte? Para una vez que la llamaban de un trabajo serio, porque lo de Secretaria de dirección había sido un farol, tenía que encontrarse con un viejo verde.

- Te han llamado de Infomac -le dijo Mario en cuanto entró por la puerta de casa.
- Pues que se vayan al cuerno, no quiero ese trabajo.
- Es que ha habido un error. La persona que te entrevistó no era el gerente, sino un antiguo empleado que estaba de visita y quiso jugar a ser jefe. Te piden disculpas y que, por favor, te presentes mañana a las diez.
- ¿No era el gerente?
- No.

Antía se dejó caer en el sofá pensando que si hicieran un certamen para elegir a la más tonta del
pueblo, la corona sería para ella.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Jue Feb 11, 2010 6:54 pm

ESCENA 13

Palabras: emboscada, estrella, ley, jarabe, perfección, serpiente, expresivo, ópera, primar, fortalecer.


El estadio estaba a rebosar. Las aficiones de ambos equipos cantaban y vitoreaban a los suyos, aún cuando faltaban más de quince minutos para el inicio del encuentro.

Carlos estaba en la grada, en medio de un grupo de aficionados del Feldespato, F.C. ¡Mira qué tenía mala suerte!¡Con lo grande que era e estadio y tenía que tocarle el asiento justo en medio de la afición rival! Pero eso no iba a impedir que animara a su equipo. No señor.

Una gran ovación resonó en las gradas. Los jugadores acababan de saltar al terreno de juego. Los primeros en aparecer fueron los del equipo Trafalgar, S.D. Carlos se levantó, empezó a gritar y a agitar su bufanda ante la impávida mirada de sus compañeros de grada. Cuando les tocó el turno a los del Feldespato, Carlos pensó que le iban a estallar los oídos. ¡Qué manera de chillar! Y para colmo venían equipados con bocinas y megáfonos. ¡Qué largo se le iba a hacer el partido! Pero en fin, esperaba que la victoria de su equipo hiciese que valiera la pena pasar por aquello.

El árbitro pitó y el balón se puso en juego. Atacaba el Feldespato. Todas las miradas estaban puestas en su joven estrella, Venancio Ruiz. Si los rumores eran ciertos, al año siguiente jugaría en uno de los equipos más importantes del fútbol europeo.

El clamor se extendió entre el público, los jugadores del Feldespato habían logrado acercarse hasta el borde del área rival y ahora el número 13, Sebas, ponía un centro de rosca justo en la cabeza de Venancio.

El delantero saltó para golpear el balón en el mismo instante en que lo hacía Chito, el central del Trafalgar. Ambos jugadores chocaron. Venancio quedó tirado en el césped tapándose la cara con las manos y quejándose de dolor. El silbato sonó, haciendo que la mitad del estadio estallará en aplausos y la otra en pitos y abucheos.

- ¡PENALTI! ¡Y una mierda!¡Árbitro, no ves que es un choque fortuito!¡Vendido! -Carlos estaba fuera de sí, no llevaban más de tres minutos de partido y el ambiente ya estaba más que caldeado.
- No sé por qué te quejas, es un penalti clarísimo, de libro.
- Ja, de libro. Fue un choque de nada, mientras saltaban por el balón. Eso no es penalti.
- Sí, un choque de nada. ¡Si casi nos lesionáis a Ruiz!
- Bah... ese chico es una muñequita, tendríais que cambiarle el apodo y llamarle "la Nancy" (Venancio).
- Mira tío, no te pases.

En el terreno de juego Venancio Ruiz se disponía a lanzar la pena máxima: colocó el balón en el punto de penalti... se alejó unos metros... cogió carrerilla y chutó con el interior del pie izquierdo... GOOOOOOOOOLLLLLLLLLLL... el esférico se había colado por la escuadra derecha de la portería del Trafalgar.

- ¡¡¡Goooooool!!! ¡¡Tomaaaaa!! Y ahí tienes un penalti lanzado a la perfección. -le gritó a Carlos el hombre que estaba sentado a su lado.

Un infierno. Ya sabía él que el partido iba a ser un calvario rodeado de tanto hincha enemigo.

Los minutos transcurrían y el juego se iba volviendo cada vez más agresivo por parte del Feldespato. El Trafalgar casi no salía de su campo y cuando lo conseguía, siempre caía en la emboscada que le preparaba la defensa contraria. Apenas habían superado los veinte minutos de la primera mitad y ya llevaban siete fueras de juego.

Ahora era Sotomayor, lateral derecho del Feldespato quien conducía el balón. Levantó la vista y metió un pase al centro del campo hacia Núñez, pero fue interceptado por Salvatierra, que ahora corría hacia campo contrario. Falta.

Carlos saltó otra vez.

- ¿Estamos ciegos o qué? ¡Árbitro, existe la ley de la ventaja!¡A ver si nos estudiamos el reglamento!

Fue Salvatierra el encargado se sacar la falta. Metió un pase en profundidad hacia Lemos, pero fue el central del Feldespato quien se hizo con el balón. Abrió el juego a la banda, e iniciaron el contragolpe.

Pase a Vencio, que le ganó la espalda a Chito y se plantó solo delante de Leo García.

Carlos se tapaba los ojos para no ver lo inevitable

- ¡¡Goooooooooool!! - gritaban todos a su alrededor.

Con una vaselina, Ruíz había superado al guardameta.

- Jajajajajaja. ¿Tenéis un portero o una cantante de ópera? -se burló su vecino de asiento.
- ¡Sin faltar, eh! En el primer gol, no tuvo nada que hacer y en éste tampoco. –replicó- además es ilegal primar al árbitro- murmuró.

El hombre le hizo un gesto bastante expresivo, como diciendo "pobrecito".

La verdad es que los nervios estaban atenazándole las entrañas. Notaba como si una serpiente se le estuviera enroscando en el estómago, apretando sus tripas y provocándole asfixia.

El Trafalgar, realizó un cambio. Sacó a Lemos y dio entrada a Michel para fortalecer la delantera. Todavía faltaban cinco minutos más el descuento para que finalizara la primera parte. ¡Ojalá pudieran irse al descanso con un gol menos de diferencia!

El balón se puso de nuevo en movimiento. Salvatierra intentaba colarse entre los jugadores rivales y colocarle un pase a Michel, que se había librado de su marcador y estaba en una posición perfecta para encarar la portería.

Regateó a un defensor y centró. El público se iba poniendo en pie a medida que el balón se acercaba al delantero, que ya estaba preparado para disparar.

¡Ooooooohhhh! -gritaban. Volea de Michel con la zurda- ¡Goooooooool!

- ¡¡Gooooooool!¡Gooooooool!

Carlos saltaba en su asiento y encaraba a su vecino, mientras pensaba que no importaba lo mal que se pasaba en el campo, los goles eran el mejor jarabe para los nervios.

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Vie Feb 12, 2010 11:45 am

ESCENA 14

Esta escena tenía más requsitos, jaja que era para otro juego: escena paranormal, con vampiro y hombrelobo, palabras especificadas y alguna cosilla más que no recuerdo lol!


La llovizna había vuelto resbaladizo el suelo adoquinado, y la mujer tenía serias dificultades para no caer de bruces mientras corría desesperada calle abajo. Con el semblante demudado y el horror pintado en los ojos, volvió la cabeza para comprobar la distancia que la separaba de su atacante. La luz amarillenta de los faroles se difuminaba al contacto con las finas gotas de agua e iluminaba tenuemente la calleja.

Vacía.

Sara apoyó la espalda contra la pared de piedra y dejó escapar un sollozo lastimero. Se llevó la mano al cuello, limpiando el hilo de sangre que manaba de la herida abierta y, con morbosa fascinación, fue girando la palma manchada frente a sus ojos.

“Esto tiene que ser una pesadilla.”

Cerró los ojos y se concentró en normalizar su respiración. Debía mantener la calma si quería tener una oportunidad. ¡Pero maldición. La habían mordido! Un temblor incontrolable fue apoderándose de su cuerpo, cuando el recuerdo de aquellos dientes desgarrándole la piel, se coló en su cerebro. Tambaleándose, se separó de la pared y dio unos pasos hacia delante.

El corazón le dejó de latir y un grito de terror se quedó atascado en su garganta. Allí estaba.

Otra vez.

Una figura alta y esbelta, que se movía con fluidez y elegancia a través de las sombras. Unos rasgos de belleza inusitada, que convertían aquel rostro de piel pálida en la cara más hermosa que viera jamás. Una cara enmarcada por una melena negra y espesa y que la miraba con expresión burlona.

- ¿Nadie te ha dicho que es de mala educación retirarle el plato a alguien que todavía no ha terminado de comer? –la voz tenia una cadencia ronca y seductora.

Sara lo observó acercarse lentamente, con su penetrante mirada oscura clavada en la suya. Cuando llegó a su lado, él levantó una mano y le acarició el cuello con el pulgar mientras se lo colocaba en el ángulo adecuado.

- Aliméntame, cherie –susurró inclinándose sobre ella.
- Suéltala.

Bastien levantó la cabeza y miró de reojo al recién llegado. Torció los labios en una mueca de disgusto al reconocer al hombre que se acercaba.

- Lárgate, perro –siseó con desprecio-. Si tienes hambre, búscate tu propia presa.
- Lo siento –mirando fijamente a Sara, se pasó la lengua por los labios y añadió-. Este es mi territorio y reclamo esa carne para mí –con una velocidad asombrosa se abalanzó sobre el vampiro, separándolo de su víctima- ¡Corre!

Sara no necesitó más aliento que ése. Echó a correr como alma que lleva el diablo. El grito de rabia que surgió a su espalda hizo que girara la cabeza, para observar como aquellas dos criaturas se enzarzaban en una batalla brutal. Tropezó y cayó por unos escalones, despellejándose las palmas de las manos. Las lágrimas le rodaban por las mejillas mientras se arrastraba hacia la puerta de su casa. Tras varios intentos, consiguió meter la llave en la cerradura, empujó la puerta y una vez dentro cerró todos los pasadores.

Aterrada, se acurrucó en una esquina, meciéndose adelante y atrás aferrando con fuerza el crucifijo que llevaba al cuello y balbuceando palabras inconexas, con la mirada perdida en la oscuridad.

Una hora más tarde, en la planta de arriba, una sombra se coló por la ventana abierta del cuarto de baño y, con sigilo, descendió por las escaleras hasta llegar a la estancia donde se encontraba Sara. Avanzó despacio y sin hacer ruido hacia el cuerpo dormido de la muchacha.

Unos ojos ambarinos la observaron con atención durante unos instantes, demorándose en las marcas de lágrimas que surcaban sus mejillas para fijarse después en los dos puntos rojos que estropeaban la piel de su cuello.

El lobo agachó la cabeza y, con delicadeza, lamió la herida hasta que la carne desgarrada cicatrizó totalmente.

Hubo un destello y el animal cambió de forma, revelando al hombre que la había rescatado de las manos del vampiro. Alto, con el pelo corto y negro como el ala de un cuervo, Xian, se agachó para coger a Sara en sus brazos y llevarla a su habitación. La metió en la cama y la besó en los labios antes de apartarse.

- Pronto, pequeña. Pronto descubrirás que tú eres mi destino

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Lun Feb 22, 2010 8:15 pm

ESCENA 15

PALABRAS: irregular, kiwi, renacuajo, impronta, cósmico, cicuta, cíngaro, arandela, estampida, tolerancia.


Cecilia estaba sentada en un pupitre del laboratorio de Ciencias con los pies apoyados en el respaldo de la silla. Tenía su mp3 colgado del cuello y los auriculares puestos. Se balanceaba al son de la música. Su expresión era de puro éxtasis: tenía los ojos cerrados, la cara mirando hacia el cielo y la boca ligeramente abierta. Movía los brazos de un lado a otro con suavidad, mientras mentalmente tarareaba la melodía.

De esa guisa la encontró Roi y, por más que lo intentó, no pudo aguantar las carcajadas. El sonido abrupto de la risa del muchacho sobresaltó de tal modo a Cecilia, que sus pies mandaron volando la silla y, al quedarse sin apoyo en mitad del balanceo, se precipitó al suelo llevándose por delante todo lo que sus brazos, en un intento por sujetarse, encontraron a su paso.

- ¡Eres un estúpido! Mira lo que he hecho por tu culpa –espetó mientras intentaba incorporarse sin hacerse daño con los cristales rotos.
- Lo siento, no quise asustarte. Te ayudaré a recoger todo.
- ¿Qué me ayudarás? Deberías limpiar todo tú solito ya que fue culpa tuya.
- Ceci, creo que te estás pasando, yo no hice nada aparte de reírme. Y me parece que esa es una acción que todavía no está tipificada en el código penal, ni siquiera se la puede calificar como conducta irregular y reprobable dentro del ámbito escolar. Por lo tanto nadie me echaría la culpa de este estropicio. Sobre todo si tenemos en cuenta que eras tú la que estaba dentro del laboratorio en la hora del recreo, haciendo sabe Dios qué.
- Estaba escuchando música y merendando –le dijo enfurruñada- además tenemos clase de ciencias ahora, así que no vi nada malo en entrar antes de tiempo.

Echó un vistazo alrededor y casi se pone a llorar. Todas las probetas que estaban colocadas sobre el mueble bajo la ventana estaban ahora esparcidas por el suelo de baldosas. Incluso el terrario se había caído. ¡Ay, la leche! ¡El terrario!

- ¡Roi! Jezabel no está. ¡Ay, ay, ay, ay….! La Srta. Chus nos va a matar si no aparece rápido la serpiente.
- Tranquila, ya verás como enseguida la encontramos. No pudo irse muy lejos.

Mientras Roi buscaba debajo de las mesas y entre las sillas, Cecilia miraba dentro de su mochila, pero lo único que encontró aparte del material escolar fueron los restos de su merienda: un trozo de bocadillo de queso y la monda de un kiwi. Luego revisaron minuciosamente los muebles y las rendijas que había entre ellos: metieron en su recipiente un renacuajo que se había escapado, apartaron con delicadeza los restos fósiles en los que un ave había dejado su impronta, incluso buscaron dentro de la caja que contenía material cósmico, es decir, trozos de supuestos meteoritos. Nada. Jezabel había desaparecido.

- Ni rastro.-gimió Cecilia.
- No pasa nada, recogeremos todo y saldremos de aquí sin que nos vean. –sugirió Roi al tiempo que miraba su reloj- Todavía tenemos diez minutos antes de que empiecen a venir los compañeros.


Metieron los cristales dentro de la mochila de Cecilia y secaron el suelo con el papel de limpiarse las manos que había en un recipiente colgado en la pared. Colocaron el terrario en su lugar y se acercaron sigilosamente a la puerta. Roi asomó la cabeza, miró hacia un lado y hacia el otro y le indicó a Ceci que lo siguiera. Echaron a correr por el pasillo hasta la escalera del fondo, bajaron por ella como si nada y salieron por una puerta lateral al patio.

- Bueno, esperemos que nadie se haya dado cuenta de que venimos del piso de arriba. –Roi escudriñaba a los presentes para ver si alguien se había fijado en ellos, por suerte parecía que no.
- Quedan menos de tres minutos para que acabe el recreo, ¿crees que se darán cuenta enseguida de que falta Jezabel? Normalmente nadie le presta atención.
- Desde luego sino cambias esa cara, seguro que sospecharán algo.
- ¿Y qué cara tengo?
- Pues de haber tragado cicuta –Diego se les acercó desde la pista de baloncesto- ¿Qué es lo que hay que sospechar?
- Nada, estábamos decidiendo el disfraz para la fiesta de Susi. –improvisó Cecilia.
- Yo voy a ir de cíngaro, pero ¿por qué tienes esa cara? Si no te gusta tu disfraz, busca otro.
- Jeje, es que perdió una apuesta y tiene que ir haciendo juego conmigo. Voy a ir de tornillo.
- ¿Y?
- Pues que ella tendrá que ingeniárselas para hacerse uno de arandela.


Aaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh

Aquel grito espeluznante provocó una estampida entre los alumnos que se encontraban en el patio. Todos se dirigieron hacia la escalera para ver qué era lo que provocaba semejante alboroto. En el pasillo del piso superior, una chica de tercero estaba prácticamente colgada del extintor mientras su amiga machacaba a golpes de tacón a la pobre Jezabel.

- Desde luego, vosotras las mujeres tenéis tolerancia cero con todo animal que no se parezca a un peluche.

Roi y Diego observaban la escena con la boca abierta mientras Cecilia miraba horrorizada a la pobre serpiente. Ahora sí que se había armado la gorda, la Srta. Chus no descansaría hasta dar con el culpable de aquello. Sería mejor plantearse el cambiar de instituto, porque en cuento se enterara de que había sido culpa suya…

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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Lun Mar 01, 2010 6:52 pm

ESCENA 16

PALABRAS: sol, sedimento, embrujo, caniche, menear, alejamiento, pulcra, limpieza, cojonudo, estornudo.



Mar, arena, sol.....los pajaritos cantan... la brisa refresca.... Y yo aquí, en esta terraza frente a la playa, estoy disfrutando de una limonada riquísima. Haciendo tiempo hasta la hora de ir a casa de Raúl. Agito el vaso... me encanta el sonido de los cubitos de hielo chocando contra el cristal... lo acerco a mis labios... sorbo por la pajita y.... ¡Mierda! Otra vez el sedimento del limón la obstruye. ¿Tanto cuesta colar la pulpa? En fin, no pasa nada, hoy es un día muy especial y nada va a conseguir amargármelo. Empiezo mis vacaciones... y lo que es todavía mejor... pasaré una semana a solas con mi recién estrenado novio. Sí, nada podrá estropearme el ánimo.


Ainssss, pero la triste realidad se impone siempre y el embrujo que me envolvió durante toda la mañana y hasta hace cinco minutos, desapareció como por arte de magia.

Apenas llegué a la casa que Raúl tiene en la costa, me di cuenta de que mis esperadas y soñadas vacaciones no serían como las había imaginado. Nada más atravesar el portal, un alegre caniche me recibió plantándome sus patitas en mi inmaculado pantalón, dejándome las huellas de sus pezuñas. El animal no dejaba de menear el rabo, y lo hacía con tanto frenesí, que más que señales de bienvenida, sus coletazos parecían latigazos sobre mis pantorrillas.

- ¡Toxo! ¡Ven aquí!- ordenó Raúl, que salió a recibirme con una espectacular sonrisa.- Hola Cris, estaba dentro preparando un poco la casa. Estaba un pelín revuelta, pero ya la he dejado como los chorros del oro. –agarrándome por la cintura, me dio un beso en los labios- Verás qué bien nos lo vamos a pasar.
- Por supuesto –miré de reojo al perro- Pero tendrás que dictar ya mismo una orden de alejamiento hacia mí, para tú mascota.
- ¿Qué? Pero si no hace nada, ¿verdad que no, Toxo?
- Les tengo alergia, a todos lo animales, excepto peces y reptiles.
- ¡Oh! Bueno, lo dejaremos fuera.


Entramos en la casa y....¡Oh, Dios!....¡Cómo los chorros del oro dijo!.... Yo no me considero una mujer excesivamente pulcra, sino lo normal: Que todo esté recogidito y barrido... por lo menos. Pero a aquella casa le hacía falta una buena limpieza a fondo. Los muebles estaban llenos de polvo, las esquinas del techo lucían unas espectaculares telarañas y el suelo... ¡Ay, mi madre, el suelo!... Mirara a dónde mirara, todo estaba lleno de bolas formadas por pelo de animal, polvo y materiales sin identificar. “¡Cojonudo¡” pensé, después de que un fuerte estornudo saliera de mi irritada pituitaria. “Con un poco de suerte, podré escapar de aquí antes de que empiece a convertirme en una doble de la Duquesa de Alba

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anarion
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MensajeTema: Re: ESCENAS SUELTAS   Lun Mar 01, 2010 7:01 pm

ESCENA 17

PALABRAS: yemas, tiempos, bonificación, Bangkok, celebridad, besuqueo, medianoche, invierno, solucionado, furiosa.


Tamborileaba con las yemas de los dedos sobre las teclas del mando a distancia. ¡Menuda porquería de telediario! Desde que estaba el J.J. Santos como responsable de los deportes, la información de los tiempos de los entrenamientos libres de Fórmula-1, brillaba por su ausencia. “¡Mira que eres ilusa, Geni! Casi no te informa de los oficiales, te va a decir los libres. Ainnnssss, ¡coitadiña*!.”

Dejó el mando y cogió el fajo de cartas que había sacado del buzón. No sabía ni para qué se molestaba en abrirlas, siempre era lo mismo: facturas, publicidad, propaganda electoral, etc...

- Vamos a ver, ¿cuánto me toca pagar esta vez?-murmuró mientras abría la carta de la compañía de seguros- ¡¡¡Sí!!! ¡Bien, bien, bien! Sin tiempo no era, carallo. Ja, ja, ja, cuándo le diga a Julio que después de trece años y que nos echaran de varias compañías, por fin, tenemos una bonificación, no se lo va a creer. “Eso si no la caga antes de pagar el recibo.

Cogió otro sobre y sacó el contenido... propaganda. “Estimada Dña. Victoria. Estamos encantados de comunicarle que ha sido una de las personas afortunadas en ganar un viaje a Bangkok. Para recoger su premio sólo deberá asistir en compañía de su pareja, el próximo día...

- ¡Anda y qué os zurzan! Siempre el mismo engañabobos.

Hizo una bola con la carta y abrió otra. Cuando ya no le quedaba ninguna más, guardó las facturas y tiró el resto a la basura. Miró la hora en el reloj de la cocina. A las cinco tenía que ir a hacer una visita a casa de unos familiares, y maldita la gracia que le hacía eso. Siempre era lo mismo; los más cotillas se entretenían poniendo a caldo a la celebridad de turno o sacándole la piel a algún vecino; los hombres, con sus discusiones sobre el trabajo. Y luego estaban, los que como ella, se pasaban el tiempo contando los segundos para que llegara la hora de irse, y rezando para que cesara el constante besuqueo, al que la sometían los recién llegados. Y con su “buena” suerte, seguro que no quedaría libre antes de medianoche.

Estaba poniéndose el abrigo, porque aunque era mediados de abril, hacía un tiempo más propio del invierno, cuando escuchó un estallido lejano. Fue corriendo hasta el salón y se asomó a la ventana. “Buenooooooo... problema solucionado. Ja, ja, ja, sé de una persona que se va a poner furiosa.” Sacó su teléfono móvil y marcó el número de su tía.

- Hola, lo siento mucho, pero no voy a poder ir. Están cayendo chuzos de punta, aquí. Y no tengo el coche. Dále un beso de mi parte a todos.

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